La Diputación inauguró ayer la pista de velocidad del hipódromo de Antela que podrán usar los aficionados La tarde calurosa se vistió de fiesta ayer en Sandiás para estrenar el centro ecuestre de la Diputación. Centenares de personas llenaban las gradas cubiertas y otros espacios al aire libre para seguir las pruebas de aficionados desde este Hipódromo de Antela, la mayor pista equina de Galicia para alta velocidad con su cuerda de 1.500 metros por veinte metros de anchura. Se halla entre las cinco mejores de España.
06 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Galope, trote enganchado y andadura fueron las pruebas mostradas en esta tarde radiante en una provincia en la que hoy se registran dos mil cabezas. Sindo González, gerente: «A pista queda aberta a tódolos afeccionados que a poden usar tendo aquí bon firme, todo o ano. Nós mantémola». En estas instalaciones pueden correr a la vez hasta 16 caballos aunque la organización lo hace con doce para evitar cualquier accidente al no ser jinetes profesionales. La llanura de este terreno limiano engañaba bastante a la hora de hacerse una idea de la cantidad de gente allí concentrada, vibrando con un espectáculo intenso y lleno de majestuosidad. Participaron jinetes aficionados de toda Galicia, de Asturias y de Portugal. Dicho centro ecuestre irá creciendo a medida que se vayan necesitando más servicios. «Se a xente pide carreiras e se esto segue para adiante, faremos as gradas e o resto das instalacións», recuerda el gerente insistiendo en que por lo menos la pista está a la altura de los mejores hipódromos. Los diversos ejercicios atrajeron la atención de los espectadores maravillados con la elegancia de los caballos y la majestuosidad de los mismos sobre la pista, bien arrastrando carros o mostrando la marcha de andadura, paso en el que el caballo gallego es un verdadero especialista. Fue un espectáculo para dar a conocer a los vecinos las posibilidades de estos animales que ayer lucieron en el recinto. Algún espectador los comparaba con la locomotora del tren. La Torre de Pena vigilaba, a lo lejos la estampa equina junto a la cual un mar de coches ponía la nota de color en la llanura verde y amarilla.