MARTA VÁZQUEZ EN DIRECTO Mil doscientos estudiantes de la provincia intentan desde ayer conseguir una buena nota para poder acceder a la Universidad Nervios, repasos desesperados, «chuletas» improvisadas en las manos. Parece el examen de su vida, pero es sólo la selectividad. Más de mil estudiantes ourensanos procedentes de institutos de toda la provincia se reunieron ayer en el campus de Ourense. Allí pasarán muchas horas hasta mañana por la mañana. Tendrán que examinarse de todas las materias estudiadas durante el curso. La primera fue Lengua y Literatura. Lorca fue el aliado que calmó los nervios del comienzo pero aún quedaban muchos exámenes por delante. Además de la capital, O Barco fue ayer el segundo punto de encuentro para los estudiantes.
12 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.A las diez en punto de la mañana de ayer comenzaron a repartirse los primeros exámenes. Más de un millar de estudiantes se daban cita en diferentes aulas de las facultades de Humanidades y Ciencias del campus de Ourense -algo más de un centenar se presentaba en el instituto Cosme López de A Rúa-, en las que ayer los universitarios fueron sustituidos por alumnos de segundo de bachillerato y COU. Poco después de una hora, comenzaban a salir los primeros. Por el gesto de sus caras podía saberse si el resultado de la prueba había sido bueno, y las opiniones eran de todo tipo. Quedaba tiempo para un pequeño descanso antes del comienzo del segundo examen. Una espera suficiente para que hubiera de todo. Mientras algunos repasaban de forma apresurada los apuntes de la próxima materia, otros aprovecharon par fumarse un cigarro y confiar en la validez de lo estudiado. Los más apañados intentaban resumir en sus manos un temario de cientos de folios. El trabajo era, cuando menos, meticuloso. Menos de media hora y fin del descanso. A muchos tener que analizar un texto de Lorca, el Romancero gitano, en la primera prueba, les animó lo suficiente para afrontar con menos nervios el segundo envite. De nuevo en clase, y tras una apresurada visita por el baño, los profesores se encargaron de pedir el silencio. Ahora tocaba analizar un texto en gallego. Fue una alumna la que se encargó de abrir el sobre en el que estaban los ansiados exámenes. Después cada uno hizo lo que pudo. Hoy más.