La madre de la víctima, hermana de la esposa del acusado, se mostró especialmente afectada al admitir que cuando su hija le dijo lo que estaba padiendo, ya en el año 1994, había dudado de su palabra. «Los creía a ellos -a su hermana y a su cuñado- antes que a mi hija» admitió, entre sollozos, cuando se le preguntó por qué había tardado tanto tiempo en denunciar los hechos, pues quería protegerla y «no hacer daño». Otra sobrina La madre de la chica explicó al tribunal que sus sospechas se vieron confirmadas cuando otra sobrina, que reside en Suiza y entonces trabajaba en una cafetería de Carballo, le dijo que el acusado, César Evasio, no dejaba de acosarla telefónicamente. Ataría entonces cabos para llegar al convencimiento de que las imputaciones de su hija eran verdaderas y no, como le había dicho una psicóloga, excusas para regresar a Carballo con ella. Pidió explicaciones a su hermana, pero ni ésta ni su marido «dieron la cara». El asesoramiento solicitado entonces a un psicólogo amigo las llevó a formular la correspondiente denuncia en 1997, sin estar asistida la chica de abogado, ni al presentarla ni cuando la ratificó en el juzgado. Fue más tarde, con el procedimiento en marcha, cuando se personó en la causa con abogado. La vista oral del caso, que se reanudará la próxima semana con los testigos de la defensa, contó ayer con la declaración de un amigo de la víctima, quien, estando con ella en Carballo, siendo ambos menores, comprobó el temor que el acusado inspiraba a Yolanda cuando en una ocasión lo vieron a la puerta de una cafetería.