LA OTRA RIQUEZA OURENSANA Una seña de identidad del centro histórico está en este elemento que corona la catedral sobre el crucero desde hace casi quinientos años Es un punto de referencia arquitectónica en el centro histórico de Ourense. Quinientos años después, sigue airoso el día a día de la ciudad. Es el cimborrio de la catedral, elemento más espectacular de cuantos al exterior de este edificio asoman. La reciente restauración ha devuelto el brillo a los vidrios de sus ventanas seriadas, aportando más transparencia para esta arquitectura de la luz que cierra el crucero del templo con suma elegancia. Son cerca de 27 metros de altura para una obra grácil y aún pesada, de planta octogonal, enclavada en el último gótico. Hablamos de una de las piezas, en su género, más famosas de España.
28 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La catedral ourensana se miró mucho en la de Santiago a lo largo del tiempo. Tanto la quiso imitar que llegó a tener un gran incensario que esparcía su nube de humo por el transepto. La catedral debió de tener otro gran cimborrio anterior a éste. Los documentos dicen que el 24 de diciembre de 1503 el cabildo había nombrado a Juan Díaz como corredor del incensario gigante. El botafumeiro ourensano volaba en Navidad, Resurrección, Santi Spiritu, Ascensión, Corpus, San Juan, Santiago, Virgen de Agosto y en San Martiño. Un ingenio de ruedas y cuerdas permitía lanzarlo hacia el norte y sur y en esa fecha debía de conservarse dicho sistema para moverlo, a pesar de las obras. El 22 de septiembre de 1498 contrataba el cabildo la obra del nuevo cimborrio a Rodrigo de Badajoz. Los trabajos comenzaron al año siguiente. Poco a poco se erguía sobre las cubiertas del templo una mole con dos órdenes de vanos, separados por una cadena pétrea. Los inferiores, más altos que los superiores. Hay uno de cada clase en cada lado del octógono. Son vanos ojivales con arquillos ajimezados. Los vanos gemelos tienen arco trebolado con parteluz. Las vidrieras se encargaron en el XVI a Angloberto López, nos dice Arteaga. Hoy quedan restos de aquella policromía. Un tercer nivel sobre la bóveda del cimborrio luce en cada lado dos arcadas ojivales. Aún más arriba corre un antepecho con escamas que para algunos podrían ser escudos. De entre los pináculos destacan ocho.