En homenaje a un visionario

OURENSE

LOUXA

Numerosas personalidades arroparon la inauguración de la nueva bodega de la firma Joaquín Rebolledo El espíritu empresarial de Joaquín Rebolledo sigue vivo. La pasión por los vinos del abogado rues y visionario viticultor caló en su familia. Un empeño por estar en la cúspide que se plasma en resultados: La añada del 2000 está totalmente vendida. El último proyecto que inició Joaquín, «con ilusión y tesón» como recordó ayer su viuda, se ha plasmado en una espectacular bodega y oficinas de atención al público. Su inauguración se convirtió en un multitudinario homenaje que no quiso perderse ni Fraga.

28 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Los componentes del coro Sine Nonine de A Coruña temblaban con el frío. Muchos iban a chaqueta descubierta entre una marea de señoras con abrigos de visón o astracán. Entre tantas pieles, una lista interminable de cargos electos o en funciones del Partido Popular dispuestos a arropar -una vez más- al presidente autonómico. Caras adustas en algunos. Entre ellas la de Baltar, más preocupado por la polémica de la Finca de la Residencia que de lucir sonrisa. No le faltó a Candal, el controvertido alcalde de Vilamartín, ajeno a los comentarios que le tildan de racista. También acudían representantes de la judicatura y la empresa de la provincia. Fraga llegó con cierto retraso. Algo inusual. Seguro que las curvas de la Nacional 120 tuvieron parte de culpa. El presidente autonómico mudó de cara tras el intento fallido de los estudiantes de Monforte de protestar ante sus narices por la LOU. En A Rúa todo fue de color de rosas. Los lazos de amistad con Joaquín Rebolledo le trajeron hasta Valdeorras. No pudo declinar la invitación, a pesar de que las nuevas instalaciones, unos 1.500 metros cuadrados en los que se invirtieron 200 millones de pesetas (1.202.024,21 euros), no tuvieron ninguna vía de financiación pública. A pesar de que José Vicente Solarat actuase de anfitrión. Pero el presidente perdió ayer su protagonismo. Recayó sin lugar a dudas en Esther Cortés, la viuda de Rebolledo. Una mujer que decidió recoger el testigo, arropada por su familia, y proseguir la línea ascendente que se había marcado su marido hace más de veinte años, en un intento de adelantarse a los tiempos. En una viticultura de graneles y sin personalidad logró que los caldos de A Rúa sonasen en España. «O meu amigo». Así definió Fraga a Joaquín. Y quiso brindar, distendidos los ánimos en la sobremesa del almuerzo, con un vino en su recuerdo. Aseguró sentirse como en casa. Quizás por eso estuvo dos horas sentado a la mesa. Un récord.