El Centro de Estudios Medievais convirtió la cena sefardí en una degustación abierta de platos hebreos Mucho trabajo, pero un resultado muy gratificante. Que la comida se acabe en tiempo récord es el deseo de cualquier cocinero, por mucho tiempo que pase entre fogones. Esto fue lo que le ocurrió al restaurador ribadaviense José Luis Estévez Formigo (Cholo para los amigos). Desde las nueve de la mañana, cocinando con un pinche y otro compañero que también acudió a Girona para conocer los secretos de la cocina sefardi, Cholo tuvo tiempo para encargarse también del postre y de la ensalada. Eso sí, desde mañana mismo todo vuelve a la normalidad. Incluir estos platos en el menú parece demasiado arriesgado aunque si un grupo se anima no tiene más que pedirlo, sobre todo después de superar ayer la prueba de fuego.
10 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La cocina sefardí gana adeptos, aunque cuando los comensales que ayer se acercaron al restaurante Evencio conocieron el largo y tedioso proceso de elaboración de los platos, bajó algunos enteros. Pese a todo, los platos vacíos y las sonrisas complacientes fueron el mejor veredicto. Desde las nueve de la mañana los cocineros perfectamente equipados se dedicaron a convertir la carne, el mero y los pimientos en albóndigas con tagarnines, pescado con salsa de noras y reventones. A la oferta gastronómica se añadía también ensalada. Pero lo sefardí se fundió con lo propio ya que el mejor ribeiro cedido por el Consejo Regulador lo acompañó todo.