La proliferación de la especie multiplica las pérdidas en los cultivos mientras como única solución se dan sólo medidas de prevención El protagonista de esta historia es el jabalí. Un mamífero paquidermo bastante común en los montes de España en general y de la provincia de Ourense en particular. Es la variedad salvaje del cerdo del que se diferencia entre otras muchas cosas por unos grandes y salientes colmillos, terror de cultivos y viñedos. La imagen idílica que el cine infantil da de este animal se transforma en el vivo reflejo del demonio para los vecinos de O Carballiño y O Ribeiro y, en menor caso, de Allariz. Lugares en los que parece haber encontrado su hábitat más idóneo sin tocar Valdeorras o Verín donde su presencia apenas se hace notar.
29 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.A los jabalíes les gusta el occidente ourensano. La proliferación de la especie lo demuestra aunque la Xunta no tenga cuantificados los ejemplares ante las dificultades de contabilizar a la fauna salvaje. Sí reconoce, sin embargo, muestreos que denotan que esta raza porcina «está extendida, pero no disparada» en Galicia, especificando que «tienen unas zonas concretas de hábitats». No parece mucho consuelo para los centenares de agricultores que deben enfrentarse a sus efectos año tras año, sin ningún tipo de ayuda para subsanar los innumerables destrozos que ocasiona y que son tan difíciles de concretar como parecen serlo el número de jabalíes existentes en la comunidad autonóma. Frente a esta situación, Medio Ambiente aclara por activa y por pasiva, «desde hace años», que ni este departamento ni Agricultura tienen «nada que decir», si a las compensaciones económicas nos referimos. El Código Civil y la Ley de Caza se convierten en la referencia continuamente reiterada para aclarar que los daños causados por la fauna salvaje son responsabilidad de los propietarios de los cotos de caza y que para reclamar en estos casos está el Juzgado. Ante esta situación desde la administración recomiendan, eso sí, medidas de prevención, que no en todos los casos se pueden asumir, o las batidas, siempre bajo la autorización oficial pertinente y siempre con el riesgo de herir al cazador que abandone su puesto.