PEPE SEOANE ENTREVISTA Javier Urra, Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid Javier Urra es único en España. Sólo la Comunidad de Madrid tiene Defensor del Menor, una figura que en el año 1978 introdujo Noruega, se extendión a catorce paises europeos y él ostenta desde 1997. Psicólogo y pedagogo terapeuta, Urra Portillo, autor de varios libros, participó ayer en un ciclo sobre infancia organizado por la obra social de Caixa Galicia.
05 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.-Parece obligado pedirle una opinión sobre la controvertida Ley del Menor... -Necesita práctica. Tuvo una muy mala entrada con los terribles casos de San Fernando en Cádiz y la catana, en Murcia. No son lo más significativo de los 27.000 casos anuales de menores que en España rompen una farola o golpean a un compañero. Quizás sea prematuro valorarla ahora, seguramente habrá que esperar unos seis meses, pero ya vamos viendo la eficacia de las medidas alternativas de trabajo en beneficio de la comunidad. -¿Qué falta ahora? -Quizás otro empuje para que en dos años incluya para casos no muy graves a los menores hasta 21 años. Es necesario un esfuerzo de los educadores, en las calles y en las familias, donde surge el conflicto. -¿Dónde y cuándo aparece la delincuencia? -Los menores se implican en procesos disociales no porque haya asesinos natos, que no hay, o nazca con el genoma marcado, sino porque hay violencia, que la vemos todos los días, en los atentados de ETA, o cuando Estados Unidos espera a que un niño cumpla 18 años para ejecutarlo, cuando alguien se pone hecho un energúmeno cuando se le cruza otro coche, las separaciones mal llevadas, o esos niños tiranos que tienen todo sin límites, ni normas, a los que no se enseña la dignidad y el respeto...todo nos lleva a que algunos chavales sean conflictivos. Lo peor, la droga y el alcohol. -¿La juventud es violenta? -No. Hace falta educación, lectura, diálogo, deporte y transmitir que hay niños que sufren en el mundo. Esta ley es social y educativa. Pensar que una ley judicial vaya a resolver la problemática de los menores conflictivos es una utopía. -¿Diría que es una ley de carácter progresista? -Marcadamente. Va más allá de la legislación española y europea. Va a funcionar y va a ser copiada. Es buena, no vindicativa, sino social, resocializadora. Un chaval que rompe unos cristales tiene que ser sancionado, pero, sobre todo, tiene que ser apercibido por sus padres, tiene que estar cinco sabados arreglando cristales y su actividad tiene que ser valorada por sus vecinos. -Qué queda de las denuncias de malos tratos? -Depende del hecho y de cómo se haya actuado. El perdón no es una forma de recuperarse. El apoyo por un psicólogo para mantener la autoestima es fundamental, sabiendo que un niño maltratado no acabará siendo un maltratador.