Un regalo convertido en pasión

B. BARBOSA O BARCO

OURENSE

SONIA PACIOS

Un Talgo sembró en un valdeorrés una afición que le llevó a crear la Asociación de Amigos del Ferrocarril No podía imaginar que aquel regalo de los Reyes Magos sería la semilla de una afición que fue creciendo con él, convirtiéndose en una pasión a la que dedica prácticamente todo su tiempo libre. Tampoco podía imaginar que no era el único «bicho raro» de la comarca valdeorresa obsesionado por el mundo de las vías, las locomotoras y las publicaciones relacionadas con los trenes. Una afición que ha llevado a Pablo Gamarra -un joven barquense, natural de Vilamartín, de sólo 16 años- a crear la Asociación Valdeorresa de Amigos del Ferrocarril y empezar el milenio cargado de ilusionantes proyectos.

07 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Antonio fue el «culpable», cuando pidió a los Magos de Oriente un tren eléctrico para Pablo. «Los Reyes me dejaron un Ibertren en Larouco; tenía cinco años y así empecé esta afición». Desde entonces ha ido acumulando trenes, revistas, vías... pese a no tener ninguna relación familiar con este mundo. «De hecho hasta hace poco no supe que mi madre tiene un primo que es maquinista de Renfe», con quien realizó un interesante y didáctico trayecto como el que este verano le trajo a O Barco desde A Coruña pero recorriendo casi mil kilómetros en tren, una forma de viajar que le entusiasma y que no realiza con la periodicidad deseada. Aquel regalo «era un Talgo de los antiguos que todavía funciona», recuerda Pablo, a quien se le ilumina la mirada cuando con voz muy pausada explica su peculiar afición «y la verdad algo cara». Pero no importa, porque la pasión ha ido creciendo a la par que este joven, que entre sus obligaciones como estudiante de 1º de Bachillerato, siempre encuentra un hueco para poder dedicarle al menos dos horas a sus maquetas, con las que se ha adueñado de la buhardilla del domicilio familiar. Allí se debe buscarlo de ocho a diez de la noche, «porque subo todos los días y allí estoy prácticamente metido cuando tengo tiempo libre». Ello no le impide hacer un hueco para el deporte y como jugador del Pereira Vilamartín -de la segunda comarcal de fútbol sala- entrena dos días a la semana. Y tampoco le dificulta relacionarse con sus compañeros, pues sabe aprovechar bien las horas del día. Ese contacto con chicos de su edad le permitió ir descubriendo «que no soy el único bicho raro y que hay más gente en la zona que comparte esta afición». «Incluso el otro descubrí que mi médico también tiene una maqueta». Con vecinos de O Barco, Vilamartín -«en donde hay dos chavales que llevan muchos años coleccionando revistas»- y A Rúa creó la Asociación Valdeorresa de Amigos del Ferrocarril. Hoy son 21 socios, «la mitad menores de 25 años». «Intenté entrar en las asociaciones de León y Ponferrada y al final decidí crear una aquí; como sólo tengo 16 años puse a mi padre de presidente». José Luis es además su cómplice, y Pablo siempre habla en plural al narrar lo que ahora tienen entre manos. «Estamos en obras, ampliando la maqueta», dice en referencia a los tres tableros de 1x2 metros que han convertido la buhardilla de su casa en objeto de deseo para los amantes del tren.