LA OTRA RIQUEZA OURENSANA En las inmediaciones de la frontera portuguesa este municipio recibe al visitante desvelándole una densa historia tras su nombre sonoro En la frontera con Portugal nos espera el municipio de Oímbra, la vieja Olimbria tal y como figura en un documento del año 953 o la Villa Olimbria, según otros papeles de 982, como nos dice Xerardo Dasairas. Nos encontramos en el último concello ourensano antes de llegar a zona lusa por Feces, en plena comarca de Monterrei. Oímbra, tierra de avatares históricos y de gentes nobles que hacen gala, como en la imagen, de un saber vivir sin prisas, sin tiempo o con todo el tiempo del mundo a las puertas de otro milenio. La agricultura es medio de vida primordial aquí, donde el pimiento señorea para hacerse fiesta cada verano.
22 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Oímbra perteneció al conde Rodrigo Ordóñez y a su esposa Adosinda, que eran los padres del arzobispo Pelayo de Santiago, quien la donó a Celanova. En el siglo XI, según documentos de 1032, esta tierra aparece como Olisinpria y hacia 1320 como Coto de Oynbra. Sea como fuere, este municipio tiene nombre sonoro que nos recuerda muchas veces el de la hermosa ciudad portuguesa de Coimbra. Dasairas piensa que el nombre de este municipio deriva de una villa romana que pertenecería a un propietario llamado Olibrio. No olvidemos que la pacífica frontera con la que linda no lo fue tan pacífica a lo largo de los siglos. Estuvo Oímbra fortificada, fue atacada y tomada en varias ocasiones. Los portugueses llegaron incluso a incendiarla. Estas tierras fronterizas siempre estuvieron muy disputadas. En 1309 nos dicen los historiadores que pasaron a manos del Conde de Monterrei. Por Oímbra discurría la vía romana entre Aquae Flaviae (Chaves) y el Forum Limicorum. Este territorio formaba parte del arcedianato de Varoncelli y se cree que tuvo un castillo en Lobarzán. Hablando de la Iglesia, en el medievo hubo tensiones entre la diócesis de Ourense y la archidiócesis de Braga por ver a qué jurisdicción pertenecía Oímbra. Hubo un intento de solución en 1158 cuando se reunieron en esta tierra Alfonso VII de León y Alfonso Henríquez de Portugal más el obispo Pedro de Ourense, que aprovechó para consagrar la iglesia de Retorta.