La epidemia del cannabis
OPINIÓN
Asistimos de modo silencioso a una nueva epidemia: la del consumo de cannabis. Y sus consecuencias son graves, destruyendo a personas y proyectos vitales. Desde hace unas décadas hay una creciente banalización sobre su consumo. Algunos asumen que es una droga inocua, con poderes curativos, que no produce dependencia, que tiene beneficios, que hay intereses en que siga prohibida... Pero la realidad clínica y los datos de que disponemos indican un cuadro muy distinto: incremento de brotes psicóticos, problemas de ansiedad y depresión, facilita pasar a consumir otras drogas, arruina la vida de muchas personas, sobre todo de adolescentes, y provoca varios cientos de muertes cada año (300 en el 2023 en España).
Uno de los motivos de estos efectos negativos es el incremento de la potencia de la principal sustancia psicoactiva que contiene el cannabis, el THC, que se ha duplicado y hasta triplicado respecto a la que tenía hace veinte o treinta años. Esto la hace más adictiva, más peligrosa, más dañina, más alucinógena.
Hay otros efectos sociales muy negativos como son el narcotráfico. Leemos frecuentemente las noticias de grandes aprehensiones, la muerte de agentes que luchan contra las mafias, la creación de redes ilegales, el blanqueo de capitales, la corrupción y compra de voluntades.
Cuando las personas ingresan en urgencias de un hospital por las negativas consecuencias del cannabis, a muchos se les cae el mundo encima. Internamientos no deseados, a veces obligatorios por cuadros psicóticos, depresiones, estrés agudo, fracaso escolar, graves conflictos familiares, pérdida del trabajo… En suma, una vida cerca del abismo personal.
Se puede revertir esta situación. Hay que querer hacerlo. Tres son las medidas principales. La primera, hacer llegar a la población que estamos hablando de una droga, como otras, que produce graves problemas. Que no nos engañen, o no nos dejemos engañar, con cantos de sirena de que vale terapéuticamente para todo. La segunda, hacer una prevención eficaz en los más jóvenes, empezando por la escuela, en donde la formación contra las drogas brilla por su ausencia o su nivel de aplicación es muy bajo. Porque dar información o una charla, o poner un ejercicio, nada tiene que ver con lo que técnicamente es un programa preventivo de drogas. De ahí el que estemos a la cabeza de Europa en el consumo de cannabis y de otros estupefacientes. Y, en tercer lugar, para los ya dependientes del cannabis, que son muchos miles, que acudan a tratamientos especializados para dejarlo.
Muchos hablan de que debemos ir hacia un mundo mejor, más sano, ecológico, sin tóxicos… El consumo de cannabis representa todo lo contrario. Tomemos buena nota.