Se hace cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando nuestro mundo y, sobre todo, lo van a transformar de manera absolutamente disruptiva en muy pocos años. Si había la menor sombra de duda acerca de la veracidad de ese postulado, la misma ha quedado totalmente disipada al ver estos días las imágenes de la segunda edición de los World Humanoid Robot Games en Pekín, que más parecían ciencia ficción que realidad. He de confesar que quedé abraiado.
Tampoco hay ninguna duda de que China es el epicentro mundial de la robótica; y estos juegos, dejando aparte el espectáculo, son la mejor evidencia de ello. La robótica humanoide está dentro de su decimoquinto plan quinquenal como una de las prioridades estratégicas del país hasta el año 2030, junto a otras industrias del futuro como la computación cuántica o la fusión nuclear. La capital del país cuenta con un plan oficial específico, diseñado para acelerar el desarrollo de esta tecnología en la ciudad.
Si los chinos nos enseñan estas maravillas de la tecnología, qué no tendrán en la trastienda. No sé si estamos a las puertas de un futuro maravilloso o a punto del apocalipsis, al más puro estilo de la mejor película o novela de ciencia ficción. Lo que sí sé es que los dirigentes chinos tienen una ética muy diferente a la aristotélica. Y todo esto me produce miedo, mucho miedo.