El artículo de J. Watson y F. Crick titulado Molecular Structure of Nucleic Acids: A Structure for Deoxyribose Nucleic Acid se publicó el 25 de abril de 1953 en la prestigiosa revista Nature. Es una breve pero revolucionaria publicación donde propusieron por primera vez el modelo de la doble hélice para la estructura del ácido desoxirribonucleico. El texto sentó los cimientos de la biología molecular moderna en solo dos páginas que cambiaron para siempre la historia de la ciencia, y les valió el premio Nobel de Medicina en 1962, junto al británico de origen neozelandés Maurice Wilkins, cuyos trabajos sirvieron de base. A pesar de la importante contribución de la física Rosalind Franklin, ella no obtuvo este reconocimiento.
He recordado esto al ver la sentencia del juicio a David Sánchez, porque para explicar la resolución los magistrados han utilizado ¡400 páginas! Si se paran a pensar, son aproximadamente las mismas que obras como Cien años de soledad, de García Márquez, o La Odisea, de Homero. Cuando alguien necesita utilizar tantas páginas para explicar algo tan sencillo, y además no queda claro, es que tiene muy difícil fundamentar la decisión.
Me dirán que son los usos y costumbres de los jueces. Pues que los cambien, porque con tantas denuncias de las asociaciones ultras y ese consumo de papel nuestros árboles y bosques empiezan a estar en peligro. Dicho sea de paso, han copiado párrafos de la del fiscal general del Estado. Señorías, abandonen la motosierra.
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea necesitó 60 páginas para un asunto mucho más complejo como el de la amnistía a los procesados por lo ocurrido en Cataluña en el 2017. Resumiendo, hay que modernizar la justicia en España, el acceso a la carrera judicial y limitar a los jueces el número de páginas que deben incluir sus sentencias para que no se anden por las ramas, expresión muy botánica, por cierto. No vale dar vueltas y vueltas para concluir que el responsable es «el acusado o alguien de su entorno». Ya sabemos que el derecho no es una ciencia exacta, pero tampoco es necesario que se empeñen cada día en demostrarlo.
En los exámenes de la facultad toda la vida le hemos pedido a los alumnos que sean concretos en sus respuestas: si en un examen de botánica un alumno necesita veinte folios y concluye que «el laurel es de la familia del roble o de una familia próxima», sería inmediatamente condenado a galeras. Y por cierto, yo lo suspendería a él o a alguien de su entorno.