El poco conocido sesgo de confirmación
OPINIÓN
Nos gusta tener el mundo ordenado y saber que lo que pensamos y opinamos es racional y objetivo. A ello nos ayuda el sesgo de confirmación. Funciona en nuestra mente de modo silencioso, automático. Nos guía a diario y hace que pensemos de un modo concreto, a veces distinto al de otras personas, o del pensamiento mayoritario de todo un grupo.
Este sesgo consiste en la tendencia a fijarnos en la información que es consistente con la que ya tenemos, reforzando nuestras creencias. No considera, u obvia, información alternativa que nos puedan presentar o que contradiga la que tenemos. Esto explica fenómenos como las creencias religiosas consideradas verdaderas, la polarización política, la opinión despectiva sobre razas o credos, o incluso afirmaciones negativas sobre todas las personas de un país. Y, más cercanamente, lo que se piensa sobre familiares, amigos, compañeros de trabajo u otras personas, a veces sesgadamente, obviando datos y hechos objetivos al fijarse la persona en unos elementos, los que refuerzan sus creencias, y obviando los que van en contra.
Este fenómeno ocurre frecuentemente. No siempre se es consciente. Cuesta ver lo que está delante de nosotros. Los sesgos cognitivos nos hacen fijarnos en unas cosas y no en otras. La atención selectiva ayuda a ello, o incluso los sesgos u olvidos de la memoria. Cuando se aplica el sesgo de confirmación a algo concreto, facilita procesar la información rápidamente, pero a veces sesgada, no basada en hechos objetivos y comprobables. Pero ayuda a darle coherencia a esa persona. Le es útil, sobre todo en la toma de decisiones, como en la formación de las primeras impresiones (por ejemplo, cuando le presentan a alguien).
Este sesgo está en la base de la rigidez de aquellas personas que no son conscientes de estar bajo el mismo cuando opinan y se comportan hacia personas, grupos, ideologías, credos, etcétera, negando todo lo que no se adecúa a sus creencias. Aunque estas sean falsas, están muy reforzadas y para ellas son verdaderas, atendiendo solo a lo que favorece sus creencias. Obvian lo que no las mantiene o las contradice. Esto explica el mantenimiento de conductas o prácticas por este sesgo a lo largo de la historia, como la esclavitud; aplicar tratamientos ineficaces, pensamientos y prácticas mágicas, la creencia en el horóscopo...
Por ello, todo lo que observamos, o creemos ver, no siempre es racional y objetivo. Por suerte, el sesgo de confirmación no tiene por qué mantenerse permanentemente en una persona o en un grupo. Cuando la cantidad de información en contra de una creencia es grande, puede llevar a dudar, a reflexionar e incluso a cambiar. Y si esto les ocurre también a otras personas de su entorno, entonces esa creencia puede empezar a desmoronarse. Lo mismo sucede con los cambios culturales, o lo que va pasando década a década en un mundo caracterizado más por el cambio que por la estabilidad.