Marisqueo de improbable futuro

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

Mariscadoras de Cambados colocan en la lonja las almejas japónicas recogidas ayer.
Mariscadoras de Cambados colocan en la lonja las almejas japónicas recogidas ayer. MARTINA MISER

El marisqueo y las mariscadoras van transformándose en una realidad histórica que se sostiene en la «cultura del carbonato cálcico» desarrollada desde los años sesenta del pasado siglo con la explotación de los bancos naturales de berberecho y almeja. Desde Testal y la Misela a O Bohído, desde los Lombos do Ulla a los parques de cultivo de Carril o Abanqueiro, o aquellos de O Pedrido y Placeres o Cesantes. Una cultura que, si bien se ha expandido bajo el amparo de la geografía y el marisco gallego, ha tenido que sostenerse en el producto importado.

Es cierto que los fenómenos naturales —sean lluvias, olas de calor o desembalses en bajamares—, junto con patógenos y contaminantes urbanos e industriales, han tenido un importante impacto en la situación actual del marisqueo. Y esta situación se define por muy baja producción y un empleo en reducción.

En los últimos veinte años, las mayores capturas de almejas (japónica, fina, babosa y rubia) —con mayoría de japónica— se alcanzaron en el 2017 y 2018, con 5.400 toneladas. En los años 2024 y 2025 se redujeron a unas 2.000, y en los primeros seis meses de este año —de lluvias invernales— a unas 300.

La estrategia reproductiva de la «r» de los bivalvos en ambientes hostiles o cambiantes, desde la temperatura al sustrato, no garantiza el sostén de las poblaciones, que, además, están sometidas a una continua explotación extractiva y a siembras ocasionales. Y ello por más que la naturalización de la almeja japónica haya permitido alcanzar una producción de 10.000 toneladas en el 2010, y su declive estos años alcance sobre todo a esa almeja además de al berberecho. Por eso, las decisiones de la Xunta aprobando una autorización para inyectar 22,7 millones de euros a «medidas de recuperación y regeneración de los bancos marisqueros», de los que más de 19 irán destinados a «cofradías o gestores de planes marisqueros» y unos 800.000 a ayudas para compra de semillas de siembra, no encierran novedad y replican actuaciones como la del 2020 por valor de 15 millones de euros, sin garantías de que los problemas se corrijan.

Pero la identificación del marisco con las rías gallegas persiste, y para atender ese mercado en expansión se amplía la importación de almejas y berberechos desde los países más próximos y tradicionales (Portugal, Italia, Francia o los Países Bajos) a los más lejanos (Vietnam, China, o Chile), bien en fresco o en congelado, en cantidades que desde las almejas —japónica, fina o babosa— al berberecho, la almeja amarilla o el berberecho de sangre (genero Anadara) pasaron de 32.000 toneladas importadas en el 2022 a unas 41.000 estimadas para el 2025. Destacan las de almeja japónica y las del berberecho de sangre, ya que ambas superan de largo las 10.000 toneladas. Por ello, sin ser novedad que nuestro marisqueo tiene un futuro improbable, las rías gallegas sostienen a los bivalvos de arena foráneos que llegan al imaginario de «galegos coma ti».