El eclipse del 12 de agosto hará que millones de personas miren directamente al sol. Pocos días después, desgraciadamente, aparecerán en los hospitales miles de quemados de retina, una lesión ocular que condenará a muchas de esas personas a una ceguera parcial de por vida. En mis conferencias sobre el tema alguna gente me comenta que, dado que el sol en el momento del eclipse en Galicia va a estar a una altura sobre el horizonte de solo 12º, «el Sol quema menos y ya no hay peligro».
Veamos. Comparado con un sol en el cénit, a 12º su luz atravesará unas cinco veces más de atmósfera (cálculo aproximado: si suponemos una atmósfera esférica, ese cinco es la inversa del seno de 12º). Pero eso no quiere decir que el brillo del Sol se reduzca cinco veces. La absorción de una onda electromagnética (la luz) es un fenómeno complejo, pero se puede estimar a través de algo llamado transmitancia electromagnética: en un día despejado, la luz que nos llega de un sol a 12º de altura será entre un 50 % y un 80 % de la que nos llega con el sol sobre nuestras cabezas. De un Sol cayendo vertical nos llega casi medio millón de veces más luz que una luna llena, así que a 12º de elevación nos llegará la luz de entre un cuarto de millón y 400.000 lunas llenas. Con un Sol eclipsado al 99 %, la luz solar que nos llegue puede estar en el rango de unas 2.500-4.000 lunas llenas. Un alfiler de luz más que suficiente para herir nuestra retina. Recuerden: no se puede mirar al sol directamente sin filtros homologados y, aún con ellos, no más de 30 segundos cada vez.