Los minutos cruciales de El Rosco

Beatriz Pallas ENCADENADOS

OPINIÓN

Rosa durante el Rosco final con el que consiguió el bote.
Rosa durante el Rosco final con el que consiguió el bote. ATRESMEDIA

Veinte minutos dan para mucho cuando su rendimiento resulta tan sustancioso como el del tiempo que cada tarde ocupa El Rosco de Pasapalabra. Con el diccionario de la RAE en una mano y el María Moliner en la otra, la prueba final del concurso se ha convertido, hace años ya de eso, en el momento más esperado para muchos espectadores ávidos de ese cóctel de entretenimiento y cultura. Para las cadenas, esta prueba de apariencia sencilla es un contenido estratégico para el devenir de sus cuentas de resultados. Lo que desde casa se vive como un contenido blanco de una tensión reconfortante es, de puertas adentro, un éxito que va acompañado de años de conflictos legales, el último de ellos, una sentencia del Supremo que obliga a Antena 3 a dejar de emitirlo.

De la importancia crucial de El Rosco pueden dar buena cuenta Pedro Piqueras y Vicente Vallés, ejemplos vivos de cómo la audiencia de un informativo puede dar un vuelco cuando se emite tras el reto del abecedario. El expresentador de Telecinco había sido el rey imbatible de las noticias hasta que el juzgado fulminó el concurso e hizo posible su llegada a Antena 3. Ahora es este noticiario de las 9 el que mira a la suerte de frente. Esa franja de las ocho de la tarde, en la que mucha gente empieza a encender la tele, es un momento crítico en el que el futuro de El Rosco, hoy incierto, tendrá mucho que decir.