El continuo aburrimiento

Elisardo Becoña TRIBUNA

OPINIÓN

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¿Quién no se ha aburrido alguna vez? El aburrimiento es un estado emocional desagradable. Ocurre ante la experiencia molesta de esperar algo o a alguien, siendo incapaz la persona de implicarse en una actividad satisfactoria. Las personas que se aburren habitualmente encuentran más difícil establecer un sentido a la vida, les satisfacen pocas cosas y padecen más problemas emocionales y psicopatológicos.

Entre el 15 y el 50 % de la población se siente aburrida a menudo. Ello produce disgusto, tristeza, vacío, ansiedad, ira. Tienen mayor insatisfacción laboral, agresividad y trastornos como los alimentarios, de estado de ánimo, juego o adicciones. La persona desea cambiar ese estado y dejar de estar aburrida. Tiene un problema de percepción del tiempo: parece que este se ha detenido. Le cuesta distinguir entre presente, pasado y futuro. Vive en un presente interminable. No es capaz de ocuparse o de centrarse en algo significativo, interesante, que le guste, que le haga sentirse bien.

El aburrimiento es más frecuente en hombres, en jóvenes, solteros o con menor nivel económico. A nivel laboral se asocia con tareas monótonas, difíciles o tener poca autonomía. Cuando la persona está en un estado de baja activación, procura aumentarla. Si el aburrimiento es crónico es más probable que se implique en conductas problemáticas, adictivas o desadaptativas. También favorece el surgimiento de enfermedades (si son sedentarios, enfermedades cardiovasculares). Con frecuencia, el aburrimiento se relaciona con la depresión y con accidentes de tráfico. Por el contrario, hay personas a las que el aburrimiento les incrementa su creatividad, por su facilidad de vagar mentalmente.

El aburrimiento está hoy más presente que en otras épocas. Se aburren los niños, los adolescentes, los jóvenes, las personas mayores, los ancianos. Por suerte, muchas personas nunca se aburren, o se aburren en un corto período de tiempo, bajo ciertas circunstancias, de modo pasajero.

Las personas aburridas suelen utilizar la nostalgia para dar significado a sus vidas, esperando que les aparezcan actividades significativas que les saquen de ese estado indeseable. Precisan imperiosamente cambiar la atención hacia nuevos estímulos, sean internos o externos. La fatiga también se relaciona con el aburrimiento, la cual se asocia al bajo estado de ánimo. Y todo esto conduce a estar más fatigado, y con un estado de ánimo más bajo. Así, el aburrido entra en un círculo vicioso del que no sabe cómo salir.

Una conquista de nuestra sociedad actual es disponer de tiempo libre para el ocio, el descanso, la vida contemplativa o poder disfrutar de vacaciones. Siempre hay los que no lo saben utilizar adecuadamente y se aburren. Por ejemplo, hoy es fácil observar personas que usan en exceso las redes sociales para aislarse en ellas, ocupar su tiempo libre, muchas veces para poder afrontar el aburrimiento de la vida. Sin que lo sepan, se están perdiendo muchas cosas maravillosas de su alrededor, de la vida.