«Cuba libre solo existe en los bares»

OPINIÓN

Una calle de La Habana (Cuba), el pasado martes.
Una calle de La Habana (Cuba), el pasado martes. Ernesto Mastrascusa | EFE

22 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Cuba libre?

El país caribeño alcanzó la independencia en 1898 gracias a Estados Unidos, pero bajo su férrea tutela, imponiendo la enmienda Platt a la constitución cubana; gracias a ella subordinó la soberanía de Cuba a los intereses de Washington, quien se arrogaba poder intervenir militarmente, aparte del control de facto de la política, comercios exterior e interior y el establecimiento de la base de Guantánamo, que a día de hoy sigue operativa.

El 1 de enero de 1959, la revolución castrista entró en la Habana tras derrocar a Fulgencio Batista, títere de EE.UU. y de los terratenientes del azúcar. El resultado fue la implantación de un régimen marxista-leninista bajo la bota de la Union Soviética, que dispuso a su antojo convirtiendo a Cuba en un satélite de Moscú. La URSS se disolvió a finales de 1991 y Cuba padeció una agonía. Sin embargo, a comienzos de 1999, el comandante Hugo Chávez comenzó su revolución bolivariana, que cristalizó en un abrazo entre Caracas y La Habana, lo que supuso para Cuba vivir bajo su férula.

A día de hoy, los cubanos se encuentran solos y asfixiados en todos los aspectos: Rusia y China de perfil, Venezuela tutelada por EE.UU., e Irán colapsado. El futuro se antoja con una Delcy cubana, lo que significa vasallaje al Tío Sam, pero, se supone, con alimentos, medicinas y energía; «cubalibre» solo existe en los bares. Francisco Javier Sáenz Martínez. Lasarte.

Gabriel Rufián

Primero se entrevistó con uno de Sumar, ahora lo va hacer con una de Podemos. Será todo un fracaso. Los de ERC, Bildu y el BNG están cansados de este señor. Las izquierdas radicales están yendo a menos y, en el caso vasco, gallego y catalán, les comen todo el voto los partidos separatistas. Mientras, Vox está jugando con fuego, no debe saber lo que pasó con UCD, CDS, UPyD y Cs. O con Podemos. Lino Mon. Santiago.

Acusaciones contra el colectivo médico

Como médico y lector, quiero expresar mi indignación por el artículo firmado por Carmen Flores el 19 de marzo. Decir que los pacientes «pagan para morir esperando» o cuestionar nuestra vocación tildándola de mero «interés» económico es un agravio gratuito hacia un colectivo que sostuvo el sistema en los peores momentos de nuestra historia reciente. Las huelgas no son un «ataque al paciente», sino el último recurso de profesionales exhaustos que denuncian, precisamente, que la falta de medios y el deterioro estructural son los que realmente ponen en peligro vidas cada día.

El médico es el primer interesado en la salud de su paciente, pero no puede trabajar en condiciones de precariedad que comprometen la seguridad clínica. La dignidad de nuestra profesión no puede ser el chivo expiatorio de una gestión sanitaria deficiente. Javier López Rosell.