Incapacidad total e ingreso mínimo vital
Por desgracia, hace unos meses me concedieron una «incapacidad total para trabajo habitual». Directamente he pasado de ser un trabajador con un salario más o menos digno a la miseria. Al tener menos de 55 años, en concreto 51, he pasado a cobrar el 55 % de mi salario; al llegar a los 55 cobraría el 75 %, pero, como digo, en mi caso he pasado de ganar 1.400 euros a 1.200 durante la baja y ahora, con la incapacidad, 752,15 euros mensuales.
Con dos hijos a cargo de 14 y 17 años que están estudiando (tengo su custodia) y viven conmigo, para cubrir sus necesidades necesito el mismo dinero con 51 años que con 55: comen, se visten, quieren estudiar... Pero se considera que con 51 años tengo más facilidad para encontrar un trabajo que complemente la prestación por incapacidad.
Me dieron la opción de solicitar el ingreso mínimo vital, pero no puedo hacerlo por una razón no soy capaz de entender. Debo presentar un certificado de convivencia pero, al aparecer en el documento mi actual pareja —no es la madre de mis hijos y no trabaja— empadronada en el mismo domicilio, no puedo pedir el IMV. Es más, tampoco puedo solicitar la ayuda por hijos menores a cargo porque va ligada al ingreso mínimo vital. La opción que se me da es dejar a mi pareja y echarla de casa, para que no aparezca en el padrón.
Hablan del escudo social, pero mis hijos deben vivir con 720 euros al mes porque por desgracia estoy enfermo y la Seguridad Social me ha concedido una incapacidad. André Abeledo Fernández.
Carta al alcalde de Toén
Han pasado más de dos meses y todavía permanece en mi cerebro y en mi corazón su emotivo discurso de firme, decidida y comprometida apuesta por la inclusión laboral de las personas con discapacidad intelectual. Las familias y las personas con discapacidad que trabajamos desde Adido y Aspamadis le aplaudimos, y me hizo sentir un presidente, pero sobre todo un padre, orgulloso de un equipo que, dijo, realiza «o seu traballo de maneira exemplar» porque son «profesionais responsables, amables, constantes e disciplinados».
Hoy me resulta curioso, por no decir descorazonador, que la misma persona que pronunció tan conmovedor discurso inclusivo rescinda el contrato con un grupo de trabajadores. ¿Apostar por un contrato más caro es su forma de dignificar a las personas con discapacidad intelectual? Usted aseguró que «cando unha persoa con discapacidade intelectual ten unha oportunidade non só gaña esa persoa; gañamos todas e todos». Nuestros trabajadores no volverán a Toén. Ellos y ellas estuvieron a la altura. Y lo estarán siempre, porque nunca pierden las ganas de demostrar sus capacidades. Sus familiares estaremos a su lado. Manuel Martín González. Presidente de Adido y Aspamadis y padre de Rosa.