Pequeñas sorpresas desde Castilla y León. El señor Cayo de Delibes dejó a todos contentos, pero con una realidad incontestable: el PP mantendrá su feudo y Alfonso Fernández Mañueco repetirá como presidente, aunque dependerá de un Vox que, aunque mejora, ve frenado su crecimiento exponencial.
El PSOE, por su parte, recibe una bocanada de aire, un pequeño alivio. Un alcalde de pueblo, el de Soria (41.025 habitantes), Carlos Martínez, es el primero desde el 2023 que consigue mejorar los resultados de las elecciones anteriores. Y tiene mérito, porque ha pisado varios callos en campaña, criticando el localismo leonesista y desafiando a Ferraz —«yo nunca he sido sanchista», repitió en todas sus entrevistas de la última semana—, pero salva la cara de Pedro Sánchez y los suyos a base de absorber a todos los competidores a su izquierda, dejando fuera de las Cortes castellanoleonesas a Podemos, a Sumar-IU y reduciendo a la mínima expresión a Soria Ya!, un adversario al que conoce bien. No ha conseguido su objetivo de ganar, al menos en votos, pero su resultado le permitirá consolidar su proyecto, aún a costa de tener que abandonar la alcaldía de Soria.
Extractando mucho la campaña, se podría decir que el no a Sánchez ha podido más que el no a la guerra, motor de la campaña de las izquierdas en las dos últimas semanas. La derecha suma por encima del 55 %, en línea con lo ocurrido en Extremadura y Aragón. Por encima del 52 cosechado por el PP hace 30 años, antes de la aparición de los nuevos partidos. En total, casi veinte puntos de ventaja sobre el bloque de izquierdas. Una dura perspectiva con las elecciones generales.
Como en una buena noche electoral, casi todos tienen motivos para celebrar. Alberto Núñez Feijoo ve por fin colmados los objetivos de su apuesta y tiene motivos para profundizar en la línea de confrontar con Vox. Los de Abascal han encontrado su techo y Génova puede hacer valer su condición de partido principal del espacio ante unas exigencias desmesuradas de su teórico aliado. Quizá el bloqueo político sea un error. Si no se gobierna, no se sirve para nada en política.