414 millones para no depender de China
OPINIÓN
El reciente anuncio del Gobierno sobre el Plan de Acción de las Materias Primas Minerales, dotado con 414 millones de euros, y el relanzamiento de la hoja de ruta para su gestión sostenible, representa un punto de inflexión para nuestro país. Desde el Colegio de Geólogos celebramos este paso decidido, aunque largamente esperado, que sitúa a España frente al espejo de su propia riqueza geológica y, con ello, ante la ineludible responsabilidad de garantizar su soberanía industrial y energética. Durante décadas, Europa ha observado con una mezcla de inacción y complacencia cómo su dependencia de terceros países, singularmente de China, en el suministro de minerales críticos crecía hasta convertirse en una vulnerabilidad estratégica. La transición energética y la revolución digital no son posibles sin litio, cobalto, grafito o tierras raras. Ceder el control de su suministro es, en esencia, ceder las llaves de nuestro futuro industrial. La Ley Europea de Materias Primas Críticas ya marcó el camino: la autonomía no es una opción, es una necesidad imperiosa. El plan español puede ser la respuesta correcta, pero aún es necesario ver cómo se va a articular y, para su éxito, será imprescindible la implicación real y coordinada de las comunidades autónomas.
Sin embargo, el éxito de esta iniciativa no se medirá únicamente en la cantidad de sondeos realizados o en el volumen de mineral extraído. El verdadero pilar sobre el que debe pivotar todo el proyecto es la población. La exploración y explotación de nuestros recursos no puede ni debe hacerse de espaldas al territorio. Es fundamental establecer un diálogo transparente y continuo con las comunidades locales, garantizando que los proyectos mineros se desarrollen con la máxima rigurosidad ambiental y que los beneficios económicos y sociales reviertan directamente en las zonas de extracción. La licencia social no es un trámite, sino el cimiento de una minería moderna y sostenible.
Aquí es donde el conocimiento geológico se vuelve insustituible. Como geólogos, defendemos que una explotación responsable no es un oxímoron. La geología, apoyada en las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y los modelos predictivos que el propio plan contempla, nos permite identificar los recursos de manera precisa, planificar extracciones con mínimo impacto y, de forma decisiva, aplicar los principios de la economía circular. La revisión de la litoteca nacional y la exploración de balsas y escombreras mineras son ejemplos de cómo podemos convertir un pasivo ambiental en un activo estratégico.
Desde una perspectiva propositiva, instamos a que la ambición no se detenga en la exploración. España debe aspirar a dominar el ciclo completo de valor: desde la extracción y el procesado hasta la fabricación de componentes y el reciclaje. Esto requiere agilidad administrativa para no ahogar las inversiones en burocracia, pero sin menoscabar jamás la rigurosidad en las evaluaciones de impacto ambiental. Se debe fomentar un ecosistema de colaboración público-privada que atraiga talento e inversión, y que posicione a nuestra industria en la vanguardia tecnológica.
Estamos ante una oportunidad histórica. No se trata simplemente de abrir minas, sino de reindustrializar el país sobre bases sostenibles, de generar empleo de calidad en la España vaciada y de asegurar que la transición energética sea justa y soberana. El Gobierno ha puesto el mapa sobre la mesa; ahora, con el conocimiento geológico y el consenso social como brújula, es el momento de trazar la ruta hacia un futuro más próspero y autónomo.