Obama, el pacifista, recibió como presidente dos guerras, la de Irak y la de Afganistán, que le donó Bush hijo. Dejó el cargo tras multiplicar las operaciones de combate y dar la orden de atacar en cinco países más: Siria, Yemen, Libia, Somalia y Pakistán. Él sí recibió un Nobel de la Paz, hoy muy cuestionado. Fue el hombre que autorizó la operación contra Bin Laden y lo tiró desde un portaviones en mitad del mar Arábigo, eso sí tras un rito funerario islámico. Lo que hizo en Libia contra Gadafi, con más países implicados, muestra alguna semejanza con lo que Trump ha empezado en Irán, solo que Irán tiene otras dimensiones y es un régimen aún más atroz, con las mujeres y con los disidentes. El problema con Trump es el personaje. Le sobra al actual presidente norteamericano ese lenguaje de predicador televisivo que suelta lo primero que se le ocurre. Estoy con el modelo occidental, con la democracia. El enemigo es Irán. El buenismo de Sánchez es facilón, pero no soluciona el problema de las dictaduras. El fuego se combate con fuego. Todos deseamos salidas diplomáticas, pero quienes mandaban en Teherán no las querían.
Pensemos en Venezuela. Tras detener al dictador Maduro, el proceso de democratización se ha iniciado. Pero son tareas inmensas que solo encontrarán soluciones con el tiempo. La transición siempre es de la ley a la ley. En Irán se precipitó todo por la oportunidad. Los que están convencidos de que el presidente Trump no es inteligente tendrán que reconocer que la inteligencia norteamericana sí lo es y funciona a la perfección. El golpe a la cúpula, incluido Jamenéi, fue brutal. Irán es el gran financiador del terrorismo en el mundo. Durante décadas y décadas. El kalashnikov es un arma icónica para muchos boomers. Estados Unidos e Israel dan este paso por una concatenación de hechos. Rusia se ha debilitado sola. Siria no existe. Hamás, tampoco. Creo que sí hay un plan, aunque, por supuesto, la solución tardará, como en Venezuela, donde ya se han liberado presos políticos. Los que atacan a Estados Unidos por los errores que hay en toda guerra deben pensar en los 30.000 opositores iraníes que la guardia revolucionaria mató buscándolos en los hospitales por sus heridas en las manifestaciones. A algunos los asesinó a tiros, a otros, inyectándoles aire en las venas. Esas son las formas a las que nos enfrentamos desde Occidente. Tras los bombardeos, nadie se manifiesta aún allí. Solo hay miedo. Los fallos en un conflicto armado no pueden ser la noticia del día.
Asistimos a una guerra de poder. Se está jugando el mundo. China calla. El pacifismo se defiende con armas, cuando enfrente tenemos armas y ayatolás dispuestos a utilizarlas hasta contra su población. Es fácil quedarse con Trump en la caricatura. Es su mayor error. Le encanta ser un meme con gorra. Pero estoy convencido que, detrás de sus acciones en Venezuela y en Irán, hay mucho más. Trump no ha hecho nada que no llevase a cabo Obama, con otras maneras y palabras. ¿Ha sido distinto el final de Jamenéi al que tuvieron Gadafi o Bin Laden? Australia apoya esta guerra. Reino Unido, Francia y Alemania también quieren estar del lado correcto de la Historia. Y ¿España?