Los resultados del Partido Popular, hegemónico y gobernante, en Extremadura y Aragón, autonomías que celebraron elecciones fuera de hora, no cumplen las expectativas de los presidentes que las convocaron. Quizá sí las de la dirección del partido en Génova que los impulsó a ello, en su objetivo de desgastar al PSOE y al presidente Pedro Sánchez.
El relato en voz alta sobre la necesidad de adelantar elecciones en esas autonomías se escudaba en las dificultades de gobernabilidad esgrimidas por María Guardiola y Jorge Azcón una vez que Vox abandonó los gobiernos bipartitos. Esto no le sucedió a Alfonso Fernández Mañueco, quien, a pesar del abandono de Vox, ha llevado su legislatura al máximo permitido por la ley. Y es precisamente a la luz de ese relato anticipatorio —«no se puede gobernar así»— donde los resultados tanto de Guardiola, pero sobre todo del maño Azcón, presentan grietas. La explotación del éxito electoral por Miguel Tellado, en una inefable intervención previa a la del propio presidente Azcón, no deja de ser eso, un relato en el que el mal resultado popular se pretende lavar con el pésimo de Sánchez, con un PSOE que no se da por enterado de su desmoronamiento, también territorial. Poco que ver con Aragón y la gobernabilidad, que, si en la pasada legislatura estaba comprometida, según predicaba Azcón, en esta, con dos escaños menos, sin el pacto soñado con el PAR y Teruel Existe y con Vox duplicando sus diputados, todo indica que no irá a mejor, por más que su longeva carrera política desde las Nuevas Generaciones del PP le haya permitido transformaciones varias al son de Vox en esa yenka iniciada con ellos en el Ayuntamiento de Zaragoza, sin ser la lista más votada, en el 2019.
Es precisamente esta preeminencia de Vox en Extremadura y Aragón, y antes en la Comunidad Valenciana, que le hizo renunciar a Carlos Mazón, la que condiciona la política del Partido Popular, en el que Alberto Núñez Feijoo, en un ejercicio que no anunció en su off the record de la comida de Lugo, asume que Vox será su pareja de baile. «Vox no puede convertirse en un muro», dijo, y lo único que le pide es que no lo confunda con Sánchez. Una solicitud que hasta ahora no dio resultados en Extremadura, donde Guardiola ha dicho sin esperanza de su deseado acuerdo con Vox: «Yo llevo una semana esperando a que contesten un correo para que me den cita y me respondan».
Ante tales estrategias y realidades del Partido Popular para dar en bipartitos, con el avance de Vox, uno se pregunta si aquel mantra emitido por Aznar para los suyos —«Quien pueda hacer, que haga»— no se les habrá ido de las manos y, en lugar de lograr el derrocamiento de Sánchez, lo hasta ahora conseguido haya sido un Santiago Abascal invicto y lenguaraz. Con un PP cerrando el mitin de Aragón con Vito Quiles, un agitador y activista de Alvise Pérez, y las letras franquistas de Los Meconios, lejos de Europa. Porque si por ahí se va el PP de Tellado y de Núñez Feijoo, a los que «podían hacer y hacían» algo en la derecha democrática se les fue de las manos, por más que digan que son los tiempos.