El carnaval domesticado

Manuel Mandianes ANTROPÓLOGO

OPINIÓN

Desfile de comparsas del carnaval en Vigo.
Desfile de comparsas del carnaval en Vigo. M.MORALEJO

12 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Todos los carnavales son el mismo carnaval. Su naturaleza es reivindicativa. Consiste en poner, al menos por un tiempo, todo patas arriba. Pero este evento ha sufrido una mercantilización absoluta de lo que pretende preservar, convirtiéndolo en una falsa reproducción de lo que es y debería ser.

La domesticación del carnaval es parecida y casi paralela al intento de humanización y transformación genética de los animales, de las mascotas.

El carnaval moderno es una espectacularización al máximo grado de determinados días del año.

La construcción artificial del carnaval tiene lugar a expensas de ocultar su propia naturaleza, convirtiéndola en algo parecido a los animales salvajes encerrados en un zoológico, de un jardín salvaje en el interior de una ciudad: un cadáver vegetal. Corriendo el peligro de banalizarlo todo, el carnaval introduce a sus adeptos en un mundo fantástico, de ilusión, virtual y subterráneo que da rienda suelta a los sueños prohibidos del reprimido ciudadano, cuyos resultados no van mucho más allá de un día, una tarde o, tal vez, una noche «no palleiro». Pero, aún así, conserva la nostalgia de la rebelión de las maquinas contra los maquinistas, de los ladrones corriendo detrás de los policías.

El carnaval es la celebración de la libertad de la que disfrutan los seres que vuelven del otro mundo, la verdadera libertad del pueblo.

Hoy es un producto transgénico de acuerdo a las necesidades y conveniencias del gestor, para que el pueblo siga disfrutándolo sin que suponga un problema para el poder. Un sucedáneo del auténtico carnaval.

La gente llega a olvidar por completo el origen del carnaval y su carácter de extrañeza y exotismo propio de todo hecho diferente. Transgredirlo todo para que todo siga igual. Juegos de un dios menor al servicio del espectáculo.