Los últimos tres ministros de Transportes de Sánchez son un cuadro del tenebrismo del pintor Gutiérrez Solana, aquel barroco negro tan español. El presidente Sánchez es un animal político, pero su habilidad para elegir es otra cosa. Su impecable e implacable capacidad de depredador falla cuando selecciona. Es un mal jefe de personal. Pensemos en Transportes, que es una de las joyas de la corona de la Moncloa. Primero, Sánchez optó por José Luis Ábalos, el ministro fiestas. Qué decir. Fue su mano derecha y su mano izquierda, hasta que luego pasó a apenas conocerlo a medida que la montaña de tropelías aumentaba. Después llegó la ministra inexistente, Raquel Sánchez Jiménez. La alcaldesa de Gavá, promocionada a Madrid, también tuvo que irse después de fulminar a la secretaria de Estado, Isabel Pardo de Vera, y al presidente de Renfe, Isaías Táboas, por el escándalo de los trenes encargados que no cabían por los túneles que tenían que pasar camino de Asturias y de Cantabria. No es broma. Sucedió. ¿Dónde está Raquel Jiménez? Tras su breve paso del 2021 al 2023 por el ministerio, no volvió a Gavá ni desapareció. Los partidos políticos son generosos con los suyos. Ahora mismo preside Paradores de España, uno de los puestos más deseados entre esta clase política con poca clase. Olvidan que el cargo siempre conlleva una carga. Los puestos de mando no son gratis. Cuando estás al frente es típico que te rían todos los chistes, hasta los malos. De golpe te conviertes en el tipo más gracioso del mundo. Pero es una pantalla falsa. Estás ahí para tomar decisiones, muchas veces difíciles. Para liderar. Para marcar el rumbo. No para ser simpático ni ocurrente. Sánchez cambió a la ministra por el famoso Óscar Puente, el ministro tuitero, el que le ha arreado a todo el mundo. El que fue alcalde de Valladolid dice que le ofende la simple posibilidad de que ahora lo comparen con Mazón, el infausto expresidente de la Comunidad Valenciana. Añade que él estaba en su puesto desde el primer momento. Cierto. Incluso así son muchos los cabos sin atar en la tragedia de Adamuz. Por ejemplo, qué pasa con el gasto en mantenimiento frente al espectacular incremento de la alta velocidad, con 40 millones de usuarios en el 2024. Puente dice que él no es fan de la liberalización del sector, pero que esta es imparable. Pues habrá que hacer todo lo posible y lo imposible para que la red tenga las mejores condiciones. España no puede estar por debajo de la media de la Unión Europea en gasto en mantenimiento, por mucho que desde el 2017 la inversión en infraestructuras se haya multiplicado por tres. Y esta cuestión del dinero nos lleva a otra pregunta más elevada. La misma que le hacía el nefasto jefe de personal eligiendo ministros a Mariano Rajoy cuando Sánchez era jefe de la oposición y Rajoy, presidente: «¿Se puede gobernar sin Presupuestos?». La respuesta también la daba Sánchez y es la que ahora no le quiere escuchar a Feijoo: no. Un no rotundo. El Estado se va paralizando sin cuentas. Se necrosa. La economía cambia y el Estado no responde. La situación es todavía peor si estamos sin Presupuestos un año tras otro. Necesitamos ministros capaces y un Gobierno, con Presupuestos.