La defensa de Groenlandia: cuando la sirenita se encuentra a De Gaulle
OPINIÓN
La reunión entre los representantes de Dinamarca y Groenlandia en territorio americano ha despejado cualquier duda: Trump no abandona su empeño de tomar Groenlandia, y esto confirma a Estados Unidos como un factor de riesgo para la seguridad europea. Que esta reunión haya ocurrido sería impensable hace apenas unos meses. ¿Se imaginan, por ejemplo, un encuentro entre Sánchez y Trump para discutir el estatus de Ceuta y Melilla o de Canarias? La geopolítica avanza a pasos agigantados, y la amenaza más inmediata proviene hoy de Washington.
Groenlandia es un territorio autónomo con un amplio autogobierno dentro del Reino de Dinamarca. No forma parte de la UE; es un territorio asociado desde 1985. Dinamarca, en cambio, sí es un Estado miembro. Pero no siempre ha sido un aliado entusiasta del proyecto europeo. Llegó a ser vista como un posible seguidor del Reino Unido en su euroescepticismo, especulando con una suerte de Danexit. De hecho, el país votó negativamente el Tratado de Maastricht en referendo.
En los años 90, el rechazo al proyecto europeo surgía de diversos sectores de izquierda. A partir del 2000, el euroescepticismo predominante pasó a provenir de la extrema derecha. Como consecuencia, Dinamarca no forma parte ni de la unión económica y monetaria ni del área de libertad, seguridad y justicia, lo que limita la libre circulación de personas y familias dentro de la UE, afectando negativamente a los propios ciudadanos daneses. Sin embargo, en el 2022 se produjo un cambio parcial de rumbo: en referendo los daneses votaron a favor de participar en la política común de seguridad y defensa de la Unión, en un contexto marcado por la invasión rusa de Ucrania y el temor a la potencia militar del Este. Poco parecía indicar entonces que, tres años después, la mayor amenaza vendría del Oeste, de un supuesto aliado. Un ataque a Groenlandia constituiría un ataque al estado danés.
Conviene tener presente el marco constitucional del Reino de Dinamarca. La constitución danesa, o Grundlov, establece en su artículo 19 que el Gobierno no puede realizar actos que impliquen una ampliación o reducción del territorio del Reino sin el consentimiento del Parlamento. Este artículo, nacido en otro tiempo y en un contexto político-militar distinto, adquiere hoy una relevancia especial frente a las amenazas del régimen de Trump. El Estado danés tiene la obligación de defender su territorio ante amenazas externas. Además, y dentro del marco establecido por los artículos 12 y 13 de la Ley de Autogobierno de Groenlandia del 2009, el Naalakkersuisut o Gobierno groenlandés, participa en la conclusión de acuerdos internacionales que afecten a la isla, incluidos los relativos a defensa.
Frente a la presión de Estados Unidos, diversos países europeos han mostrado su apoyo explícito y están enviando tropas al Ártico. España podría sumarse, pero hay un país europeo clave: Francia. Es el único de la UE con arsenal nuclear, lo que le otorga un paraguas de seguridad significativo para Europa.
Francia siempre ha sido celosa de su autonomía frente a Estados Unidos. De Gaulle, artífice de la actual V República, se opuso a la entrada del Reino Unido en la entonces Comunidad Económica Europea por temor a la influencia estadounidense en Europa. En 1966, tras tensiones con Washington por el dominio estadounidense en la OTAN, De Gaulle retiró a Francia de la estructura de mando militar integrada, a la que regresó solo en el 2009. Como resultado, Francia no alberga bases militares estadounidenses en su territorio soberano.
Tras la intervención estadounidense en Venezuela, las fuerzas políticas francesas, tanto de derecha como de izquierda, condenaron la violación del derecho internacional, demostrando un sentido de Estado que trasciende a intereses partidistas. Esta postura contrasta con el juego político en España en donde el oportunismo político parece haber primado ante tales acontecimientos.
En este momento, cuando la Dinamarca de la Sirenita de Hans Christian Andersen se enfrenta a amenazas de la principal potencia mundial, la grandeur francesa adquiere un papel clave en la defensa de nuestro continente. No solo por su arsenal nuclear, sino también por esa visión política y diplomática de independencia frente a las injerencias estadounidenses que De Gaulle mantuvo con firmeza. Hoy, esta visión recupera validez y ofrece una oportunidad para fortalecer los lazos entre los socios europeos. Las amenazas de Trump pueden ser reales o responder a la intención de desviar la atención de otros conflictos, como su intervención en Venezuela o la creciente vulneración de derechos humanos a nivel interno en Estados Unidos. Sea como fuere, Europa debe comenzar a vivir sin Estados Unidos, y acostumbrarse a ello será una buena decisión.