Cómo afectan las fases del ciclo menstrual al deseo sexual
OPINIÓN
A menudo pensamos en el ciclo menstrual como sinónimo de menstruación: sangrado, dolores, molestias, ocupaciones del día a día y poco más. Pero el ciclo es mucho más amplio: es un sistema completo, una coreografía hormonal que moldea nuestro estado de ánimo, energía, creatividad y, por supuesto, el deseo sexual. Comprenderlo no solo nos ayuda a entendernos mejor, sino a reconciliarnos con un cuerpo que no es lineal ni constante, sino profundamente sabio en su ciclicidad.
Durante la menstruación, la caída de estrógenos y progesterona genera cansancio, sensibilidad y necesidad de recogimiento. Es una fase introspectiva, ideal para soltar y escucharnos, pero esto no significa que el deseo sexual desaparezca. Para algunas personas, la estimulación y los orgasmos pueden ser especialmente beneficiosos: liberan endorfinas, relajan el útero y ayudan a aliviar cólicos. El placer aquí puede ser más tierno, más íntimo, más hacia adentro. Y si la lubricación disminuye, un lubricante de base acuosa puede convertirse en un gran aliado.
Tras la menstruación el cuerpo se «despierta». Los estrógenos comienzan a aumentar y, con ellos, la energía. En esta etapa muchas personas se sienten más abiertas, vitales y creativas. Este cóctel hormonal suele acompañarse de un incremento progresivo del deseo, que puede ir acompañado de ganas de explorar y mayor sensación de disponibilidad corporal. Es un momento perfecto para probar nuevas prácticas.
La siguiente fase es la ovulatoria. Los estrógenos y la testosterona alcanzan uno de sus puntos más altos, lo que puede traducirse en un aumento notable del deseo sexual y de la sociabilidad. El cuerpo está biológicamente preparado para el encuentro sexual, y eso se refleja en cómo nos relacionamos, cómo nos sentimos por dentro y cómo respondemos a los estímulos. Es habitual experimentar una mayor sensibilidad en general.
Durante la fase premenstrual el cuerpo pide estar más en casa porque se prepara para menstruar. Con el aumento de progesterona podemos sentirnos más introspectivas, críticas o sensibles. Pero esto no es «malo», al revés, es un buen momento para conectar con nuestras necesidades y cultivar una sexualidad más emocional, más vinculada al afecto y a la intimidad. Algunas personas experimentan aquí un deseo menos espontáneo, pero más intenso.
Lo más importante no es memorizar subidas y bajadas hormonales, sino dejar de vivir el deseo como una exigencia.
El ciclo menstrual no dicta una norma, pero sí ofrece un mapa. Un mapa que puede ayudarnos a entender por qué a veces queremos más, menos o de otra manera.
Acompasar la sexualidad al propio ritmo, sin ningún tipo de obligaciones, es una forma de autocuidado.