No se puede tratar el tema del acoso sexual y de los abusos a las mujeres en televisión con la ligereza que se hace. Provoca repugnancia y eleva la viscosidad. Da náuseas. No se puede estar escuchando el terrible relato de dos mujeres que supuestamente han sido sometidas a todo tipo de vejaciones por parte de Julio Iglesias y que el análisis de esos testimonios lo haga Ana Obregón. Y que se le dé voz para decir, entre otras perlas: «Yo no soy hombre, ¿pero a vosotros os chupan el pito toda la noche y no os salen ampollas?». O que se le permita que suelte sin filtro: «¿Estaban esposadas? ¿Estaban clavadas a la cama? ¿Por qué no se han ido?». No se puede revictimizar y echarles la culpa a las mujeres o directamente denigrarlas con juicios que dan asco, como ha hecho también esta semana Ramón Arcusa, la mitad del Dúo Dinámico, que no se ha quedado corto: «Las chicas están hablando de una casa del terror. Si a ti te violan un día, no te pueden violar cada día. ¿Entiendes? Porque te violan un día y tú eres consciente de que te han violado y vas a la policía». En esta televisión estamos. En esa sensibilidad estamos. En esa crueldad estamos. Cuando son las mujeres abusadas las que requieren de toda nuestra delicadeza, de toda nuestra comprensión y de todo nuestro entendimiento, la televisión echa carnaza y remueve las tripas. Que hablen los expertos y que alguien, por favor, calle a la Obregón.