Que de las pocas cosas en las que coinciden Bildu y Vox, Puigdemont, Junqueras, Otegi y el BNG sea en cuestionar el discurso de Navidad del rey demuestra que Felipe VI volvió a poner el dedo en la llaga que más molesta a muchos de nuestros políticos. Felipe VI dijo lo que muchos pensábamos antes de la cena. Que es hora de que los que nos gobiernan dejen de mirarse su ombligo y se preocupen por ayudarnos a hacer el día a día más llevadero. Claro que lo fácil es echarle la culpa al empedrado. ¿Recuerda cuando la responsable de la inflación era de la guerra de Ucrania? El petróleo ha vuelto a niveles previos a la invasión rusa, pero la gasolina no baja y el Gobierno y las petroleras se siguen llenando los bolsillos mientras la inflación crece más que los salarios y hace imposible pensar más allá del día siguiente.
Felipe VI pidió ejemplaridad en un momento en el que la corrupción vuelve a inundar los titulares. Reclamó diálogo y consenso frente a quienes apuestan por los muros y por desterrar al discrepante ya no solo de su propio partido, sino incluso de la vida pública. Y remarcó que el problema de la vivienda dificulta la construcción de los proyectos de vida de los más jóvenes mientras nos gastamos millones de euros en ridículos estudios que difícilmente serán aplicables algún día.
Todos podemos quejarnos de lo que queramos, pero la inmensa mayoría de los españoles firmaríamos debajo de esas reclamaciones del rey, puesto en pie por cierto. Que los antisistema habituales busquen cualquier excusa para justificar su ataque forma parte ya de la Navidad, aunque sean tan secos como los polvorones. Que Vox quiere hacerse el diferente remedando a Otegi y a Junqueras, ocultando en el silencio el ninguneo al monarca, los coloca en el mismo lado del tablero que sus adversarios políticos. Ver la lista de ofendiditos demuestra que el rey acertó.