Extremadura y la pedrea

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OPINIÓN

Carlos Criado | EUROPAPRESS

23 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

¡Vaya resultado!

El 21 de diciembre Extremadura acudió a las urnas mientras los niños de san Ildefonso ya calentaban la voz para el sorteo de la lotería de Navidad.

Y es que cuando María Guardiola decidió adelantar las elecciones autonómicas lo hizo convencida de que tenía más papeletas que nadie en el bombo de la democracia. El PSOE atravesaba su momento más débil, sin un liderazgo sólido y cercado por escándalos de todo tipo. Todo apuntaba a que el gordo podía caer de su lado, al menos en su cabeza.

Sin embargo, el recuento dejó un sabor distinto. El PP ganó, sí, pero su victoria se parece más a una pedrea que a un gran premio: solo sumó un escaño más. Celebrarlo como un gran triunfo resulta difícil cuando se observa que el crecimiento ha sido mínimo incluso frente al peor resultado del PSOE, que perdió diez diputados.

Quien realmente salió agraciado fue Vox, que pasó de cinco a once escaños y se convirtió en segunda fuerza en varios municipios. Mientras el PSOE se desplomaba, los de Abascal recogían buena parte de esos votos, alterando el tablero político extremeño.

El adelanto electoral de Guardiola buscaba una mayoría suficiente para gobernar con comodidad, pero ha terminado reforzando la dependencia de Vox. Una lección que va más allá de Extremadura y que debería tenerse en cuenta en próximos procesos electorales. Porque en política quien acostumbra a ganar es el que mejor entiende qué premios se están repartiendo. Jacobo Vieites Sánchez. Arzúa

 Pólvora del rey

Realizado el escrutinio de las elecciones extremeñas —por mucho que digan, unos y otros que si ganaron, que si perdieron, que la abstención les perjudicó, que si subieron, que si bajaron— lo que está claro sobre la situación de gobernabilidad es que resulta idéntica a la de antes de los comicios. Si antes había problemas para gobernar, siguen exactamente los mismos.

Pero lo que sí está claro es que los extremeños son siete millones de euros más pobres. La razón: el adelanto electoral en dos años conlleva un gasto. Si se acabase la legislatura y los comicios coincidiesen con los municipales los costes se reducirían a la mitad.

El de Extremadura no será un caso aislado ni una excepción. La situación, según las previsiones, se repetirá próximamente en Aragón y en Castilla y León.

¿Cuál es la solución? Entiendo que legislar para establecer que aquel partido que adelante las votaciones pague de su bolsillo los gastos generados. Porque, desde mi punto de vista como contribuyente, los experimentos se hacen con gaseosa. De esta manera se completarían las legislaturas sin gastos extra. Si seguimos como hasta ahora con la pólvora del rey cualquiera dispara. Manolo Díaz. culleredo.