Belenes

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer I Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Inauguración del belén del cuartel de Atocha
Inauguración del belén del cuartel de Atocha Ángel Manso

21 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace unos días me mandaron un wasap con el discurso de Giorgia Meloni animando a los italianos a que pongan el Belén. No le falta razón.

La Navidad se ha convertido en un despliegue de luces centelleantes, abetos de plástico y espumillón de escándalos. En medio de esta vorágine de consumo y arrebatos, surge el Belén no solo como una tradición, sino como un acto de resistencia cultural y espiritual.

Quedan pocos gestos de escandalizadora rebeldía en este mundo artificialmente inteligente: no consumir, no tener móvil, leer en papel, no comer alpistes y ahora, en Navidad, montar el Belén.

A diferencia del árbol de Navidad, estático y puramente decorativo, el Belén es una escritura visual. Mientras que el árbol representa una naturaleza domesticada y brillante, el Belén narra una historia.

El Belén posee una calidez orgánica de la que carecen otros símbolos modernos. Es una tradición que se hereda, las figuras pasan de abuelos a nietos manteniendo en ellas la memoria emocional de generaciones. Mientras que el árbol de Navidad es global y luce igual en Nueva York que en Tokio, el Belén se adapta a la idiosincrasia local.

En el Belén catalán, por ejemplo, destaca la figura del caganer, una figurita haciendo de vientre oculto entre musgos y ríos de papel de plata. Las Navidades catalanas muestran los rasgos anales del temperamento catalán; junto a su proverbial sentido del ahorro (retención), los catalanes ponen un caganer en el Belén y hacen «cagar al Tió» el día de Nochebuena o Navidad (expulsión). El Tió es un tronco al que desde el día de la Inmaculada (8 de diciembre) se le da de comer cada noche (pieles de mandarina, galletas, pan). Cuanto más coma, más regalos traerá. Siempre debe estar cubierto con una manta para que no pase frío (y para esconder los regalos que aparecen debajo). Llegado el momento, los niños golpean el tronco con bastones y, cuanto más fuerte le arreen, más regalos cagará.

Los caganers tienen la cara de algún personaje de actualidad y, según el número de ventas, indican mejor que ninguna encuesta quién es el personaje más popular del año en curso.

Este año Silvia Orriols, la líder de Alianza, ha desbancado del número uno del ránking a Carles Puigdemont, dato este que señala aires de cambio en Cataluña.

El árbol de Navidad está ligado a la imagen de los regalos acumulados a sus pies. El Belén pone el foco en un establo, en la sencillez y en la importancia de lo esencial.

En el ámbito hispano y mediterráneo, el Belén es una seña de identidad propia. Es una forma de mantener vivo el patrimonio cultural que nos diferencia de la estética globalizada anglosajona.

¡Feliz Navidad!