Los miedos de Chile

María de los Ángeles Fernández Ramil

OPINIÓN

ELVIS GONZÁLEZ | EFE

14 dic 2025 . Actualizado a las 11:56 h.

A un país que termina ratificando por defecto la cuestionada constitución promulgada durante la dictadura de Augusto Pinochet luego de un largo proceso constituyente desarrollado entre el 2015 y el  2023, difícilmente se le pueden aplicar lugares comunes para entenderlo

Por ello, y tal como preconizan las encuestas, de resultar electo en la segunda vuelta presidencial el ultraderechista líder del Partido Republicano, José Antonio Kast, hay que cuidar de limitarse a señalar que ello supone un cambio de ciclo, un nuevo avance de la derecha en América Latina, un ejemplo de voto castigo al oficialismo o el resultado esperado de una amalgama de fragmentación partidaria y polarización, como si esta no fuera una vieja conocida en esas latitudes. De ese trago amargo de emociones excluyentes y extremas, aunque sin redes sociales de por medio, ya bebió Chile a inicios de los 70 experimentando, finalmente, el quiebre de su convivencia.

Los análisis oscilan entre preguntarse cómo podrá gobernar Kast, quien deberá alinear tras de sí a toda la derecha al tiempo que no dispone de mayoría en el Congreso, y cuyos discursos han estado centrados en seguridad pública, control migratorio y mano dura frente al “terrorismo rural”, y qué sería lo que mueve a un electorado que planteaba demandas por mayor igualdad en educación, salud y pensiones en el contexto del estallido social acaecido hace seis años, mientras hoy privilegia una agenda de orden, seguridad, anti inmigración y crecimiento económico.

Su promesa de cárceles de seguridad y de deportaciones masivas, en tono ambiguo, busca sintonizar con uno de los miedos más sentidos. Una encuesta de Ipsos realizada en octubre pasado a una lista de 30 países mostraba a Chile con el segundo mayor porcentaje de preocupación por el crimen y la violencia. En marzo, en un sondeo similar, aparecía encabezándola.

Pero hay otros miedos que, aunque difusos, no son menos inquietantes. Por un lado, el temor a un nuevo estallido social no ha desaparecido ya que Chile sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo. El actual presidente Gabriel Boric, junto con exhibir pocos logros, ha insinuado que la gobernabilidad estaría mejor garantizada por la izquierda. De esta forma, por defecto, se recuerda que las protestas más álgidas (y más desestabilizadoras), sucedieron en momentos en que ha gobernado la derecha.

Por otro, que Kast haya deslizado que podría gobernar por decreto, afirmando que el Congreso no sería tan relevante, alimenta las sospechas de que su gestión, que no vacila en calificar “de emergencia”, podría incurrir en tentaciones autoritarias. De ello lo acusan sectores vinculados a la izquierda y centro izquierda los que, presos de amnesia selectiva olvidan que apoyaron, para el plebiscito del 2022, una propuesta constitucional que debilitaba contrapesos institucionales y no cuidaba la independencia del poder judicial,

Si bien el Chile post dictadura ha destacado por su estabilidad democrática en sucesivas mediciones internacionales, no habría que bajar la guardia. En estudios más recientes, su posición oscila entre «democracia defectuosa» y «democracia plena».