España, país de oportunidades. Se puede ser un «gran desconocido» y llegar a número 2 del PSOE y ministro de Fomento sin despeinarse ni afeitarse. José Luis Ábalos. He aquí su última sonrisa pública, lo siguiente será un furgón y lo siguiente la cárcel. Que el hombre vestido con una camiseta Orlando durante el registro de su casa tenía tomate lo sospechaba todo el mundo menos Pedro Sánchez. «Desde el punto de vista personal, era un gran desconocido para mí», cuenta su exjefe mientras José Luis disfruta de su quinto desayuno gratis en la cafetería de Soto del Real. Pedro, que cuando quiere es elegantísimo, intenta zanjar el asunto Ábalos en tres palabras: «Estas facetas suyas». Nadie podría definirlo mejor, ni peor. El día menos pensado nos encontramos al presidente del Gobierno tomando prestado el legendario «ese señor del que usted me habla». Quién nos iba a decir que la regeneración pedrocrática consistiría en esto.