Ante la sinrazón, razón
Observo con estupor la huelga estudiantil de hoy por el genocidio de Gaza. Vaya por delante mi más rotundo rechazo a la situación en Palestina, así como rechazo con la misma intensidad cualquier violación de los derechos humanos, derechos que defiendo firmemente e intento inculcar a mis hijas a diario.
La situación actual en Gaza es, sin duda, vergonzosa y triste, al igual que muchas otras problemáticas que nos rodean: desde el hambre y la precariedad de nuestro vecino más próximo hasta la terrible opresión que sufren las mujeres en Afganistán, pasando por muchos conflictos armados igualmente vigentes y espeluznantes. Todas estas causas merecen el máximo respeto y nuestro esfuerzo conjunto y compromiso para erradicarlas.
Sin embargo, no considero que una huelga estudiantil sea la estrategia más efectiva en este caso. Si secundáramos cada causa de este tipo con una huelga, estaríamos en paro permanente, porque tenemos tantas causas e injusticias por luchar como días tiene el año. ¿No son, acaso, igualmente importantes?
Me preocupa la facilidad con la que se propone y anima a faltar a clase. Todos hemos sido niños o jóvenes y sabemos lo tentador que resulta, sobre todo si aún encima está consentido y bien visto.
Aunque es fundamental que el sistema educativo defienda los derechos humanos y la igualdad, también debemos reconocer, y por tanto enseñar, que la ignorancia suele ser la raíz de fanatismos, totalitarismos, sectarismos y otras formas de opresión o violencia. En este sentido, no concibo un arma más poderosa para combatir la ignorancia que el conocimiento y la cultura.
Por lo tanto, privar a los estudiantes de asistir a clase contradice este principio. Aboguemos por formar personas con valores sólidos, pero también cultas y preparadas. Brindémosles información, sabiduría, razón, competencia, consciencia... y fomentemos el afán por el conocimiento, la lectura, la cultura y el pensamiento crítico. Creo firmemente que esta es una estrategia mucho más efectiva para combatir la barbarie presente y futura que faltar a clase. Antía Vázquez.
Perros y playas
La prohibición para que los perros accedan a los arenales para dar unas carreras, incluso a primeras y últimas horas del día, parece estar muy bien meditada. Durante la noche de San Juan de este año los humanos dejaron en la playa de Riazor 44 toneladas de residuos sólidos y miles de aguas menores y mayores. El 26 de agosto, en Santa Cruz, los humanos regaron a ese entorno con miles de bolsas de basura, cascos de botellas, colillas, vasos plásticos, etcétera. Por el contrario, los cánidos no respetan nada y merecen que se les prohíba acceder a las playas, y sancionar a sus dueños cuando no se cumple la norma. ¡Que se habrán creído esos perros! Jaime Mejuto. Liáns (Oleiros).
Ex dirigentes y justicia
El inminente ingreso en prisión del expresidente francés Nicolás Sarkozy por financiación irregular de su campaña electoral invita a una reflexión profunda sobre la calidad democrática y la rendición de cuentas en nuestro país. En Francia, un exmandatario es juzgado y condenado por delitos cometidos en el ejercicio de su poder; en España, en cambio, demasiados casos de corrupción acaban diluyéndose entre retrasos judiciales, indultos encubiertos o simples olvidos mediáticos.
Resulta paradójico que, mientras en otras democracias europeas se demuestra que la ley alcanza incluso a quienes un día ocuparon el más alto cargo del Estado, aquí persista la sensación de impunidad. Nuestros dirigentes parecen gozar de una especie de inmunidad política que los sitúa por encima del ciudadano común, erosionando la confianza en las instituciones y debilitando la credibilidad de la justicia. Claudina Garbajal. Ribadavia.
Vados en Lalín
En el Concello de Lalín parece que los vados permanentes son un chiste. Según la policía local, no pueden multar si un vecino perjudicado no llama y espera pacientemente hasta que una patrulla se digna a aparecer, y ya no es el primer caso que 30 minutos después allí solo queda el incomprendido vecino, que paga religiosamente sus impuestos pero sus derechos son pisoteados. Cobran cada año el importe correspondiente, pero lo de vigilar que estén despejados... ¿Para qué?, el dinero ya está en las arcas municipales. Israel G. Lalín.