Hablar del futuro y cómo afrontarlo no ha dejado de ser una de las máximas preocupaciones de la humanidad a lo largo de la historia. En la actualidad, dentro de las relaciones de fuerzas mundiales, el capitalismo industrial ha sido superado por el capitalismo global; la democracia se encuentra amenazada por el autoritarismo, y la soberanía de los Estados depende más de un juego de alianzas bilaterales y de acuerdos bajo la mesa. Por eso, a día de hoy es fácil encontrar análisis en los que se constata una pérdida de horizontes, una oscuridad en lo que va a venir y muchas dudas ante los límites existentes o latentes. Se advierte, entonces, que cuando no hay horizontes corremos el riesgo de creer que todo es posible y la sociedad solo llega a divisar un horizonte de amenazas, ya sean naturales, políticas, económicas, sociales y tecnológicas.
Ante esta situación, la pregunta es doble. Primero, nos interrogamos sobre si puede haber consenso en cómo minorar los miedos, las inquietudes y las incertidumbres. La respuesta es que dicha posibilidad es factible, aunque algunos quieran y luchen por mantener y exacerbar la polarización. La apuesta tecnológica nos abre pasos constantes a las mejoras continuas y a los controles de las situaciones. Los miedos ante un mundo habitable pueden ser corregidos y es casi seguro que en muchos aspectos existen soluciones.
La segunda cuestión radica en cómo afrontar los desafíos. En este caso acudimos a Sun Tzu y a sus contenidos expresados en su obra El arte de la guerra. En la misma se apuntan estrategias básicas. Veamos tres de ellas. La primera, «aquel que no sabe plantear ni anticipar pierde incluso antes de la batalla»; o sea, es preciso tener clara la capacidad de prever movimientos y actuar con rapidez en el actual mundo competitivo y cambiante, para poder marcar la diferencia entre lo que puede constituir el éxito o el fracaso. La segunda máxima de Sun Tzu es la siguiente: «Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo, y no conocerás la derrota». Esta afirmación subraya la relevancia de recopilar la información precisa y oportuna sobre los movimientos de la competencia. Debemos, pues, fomentar una cultura de inteligencia competitiva dentro de las organizaciones a fin de lograr ser vencedores. Y la tercera estrategia básica es aquella que afirma «actúa antes de que sea tarde». Es decir, la rapidez es la esencia de la estrategia. Hay que tomar decisiones rápidas basadas en la información para mantener una ventaja competitiva ganadora. Dicho de otra manera, poseer capacidad de anticipar los riesgos globales para poder impulsar medidas de respuesta inmediata, desarrollando un modelo de actuación eficaz frente a emergencias, demostrando velocidad de reacción como línea conductora.
En suma, en el mundo actual, donde los cambios son las únicas constantes, debemos anticipar los movimientos. Sun Tzu nos dejó también otra recomendación final: «La victoria no se alcanza solo en el campo de batalla, sino en la preparación y en la capacidad de prever». En suma, ante las circunstancias y miedos actuales, fomentemos acciones basadas en la anticipación y en la estrategia. Lástima que estas últimas estén ausentes en la mayoría de las decisiones de los actuales políticos.