En general, la mentira es algo que se dice con intención de engañar. Aunque la mayoría de las personas son honestas, casi nadie a lo largo de su vida ha estado totalmente al margen de pequeñas mentiras (por ejemplo, de niño), verdades a medias o equivocaciones sin ánimo de engañar. Pero un tipo de mentiroso, el gran mentiroso, que basa su vida en la mentira, puede llegar a creérsela y asumir que son los demás los que están equivocados ante lo que dice o hace. Si obtiene beneficios mintiendo, lo seguirá haciendo, pudiendo convertirse en su forma de vida.
Vemos grandes mentirosos en los que se inventan graves enfermedades para obtener dinero de otros, los que afirman que poseen una herencia inexistente, que tienen contactos importantes ficticios, disponen de mucho dinero inexistente, amistades poderosas que están en su imaginación… Algunos pasan de la teoría a la práctica y se hacen pasar por lo que han inventado. Las personas ingenuas o incautas creen más fácilmente sus mentiras. Esto ocurre en todos los ámbitos de la vida, como en la economía, la política o las relaciones personales. A ninguna persona le pedimos que nos confirme con papeles lo que dice ser. Le creemos. De ahí la facilidad que tienen de embaucarnos y que no se descubra su mentira.
Los grandes mentirosos mantienen su conducta a lo largo del tiempo porque obtienen beneficios, de tipo económico, afectivo, laboral o social. Suelen ser fríos, duros, interesados, sin escrúpulos ni miedo a las consecuencias, sabiendo que engañan para obtener un beneficio. El timo del amor, la estafa, el robo, la extorsión o la simulación con frecuencia se basan en la mentira. Pueden alterar su presentación, su pasado, su historia, para hacerse más creíbles. En tal caso su vida parece más una novela. Si les va bien con el engaño, lo siguen haciendo para su provecho. Obvian las probables consecuencias negativas. Creen que no las tendrán, que no los descubrirán. Según pasa el tiempo aumenta la sensación de impunidad y dominio, perfeccionando sus mentiras y mintiendo más.
Se considera que los grandes mentirosos, también denominados mentirosos patológicos, pueden tener un trastorno mental, aunque ello aún no ha sido reconocido. Los estudios indican que suelen ser personas con escasas habilidades cognitivas, menor autoestima, con la tríada oscura (maquiavelismo, narcisismo y psicopatía) e histriónicos. Hay circunstancias que les facilitan mentir, como cuando no tiene consecuencias negativas o se tolera socialmente. Carecen de principios morales o éticos.
A veces es difícil escapar a la influencia de los grandes mentirosos. Los podemos encontrar en nuestro lugar de trabajo, familia, e incluso pueden ocupar puestos con poder y con sus mentiras perjudicar a mucha gente. Por ello es importante desenmascararlos. Y, sobre todo, no caer en sus trampas ni dejarnos engañar por ellos.