Telecirugía
OPINIÓN
En 1998, el doctor Richard M. Satava, cirujano y profesor en Yale en aquel momento y posteriormente en la University of Washington en Seattle, publicó su mágnífico libro Cybersurgery. Advanced Technologies for Surgical Practice (Wiley-Liss, New York), en el cual se ponía en el tablero quirúrgico un nuevo concepto: cibercirugía. Término difícil de definir pero que representa un nuevo concepto de la cirugía y un nuevo conjunto de términos con los cuales el cirujano puede comprender y reimaginar el arte de la cirugía en la era de la información.
Entre esos conceptos se encuentra el de telecirugía, es decir, la cirugía realizada a distancia. Y, a su vez, este nuevo concepto incluye otros cuatro términos: telediagnóstico, teletratamiento, telenseñanza y teleformación quirúrgica. Estos términos ponen de relieve que la telecirugía engloba mucho más que el hecho puramente técnico quirúrgico.
La importancia y la capacidad real de la telecirugía la puso de relieve el cirujano europeo de Estrasburgo Jacques Marescaux, que el día 7 de septiembre del año 2001, con un robot llamado Zeus y con la colaboración técnica de France Telecom y Computer Motion, operó desde Manhattan, en Nueva York, a una mujer de 64 años que estaba en el Hospital Universitario de Estrasburgo, y le extirpó la vesícula biliar realizando una colecistectomía. La operación fue un gran éxito y el equipo quirúrgico que estaba preparado para intervenir si era necesario en Estrasburgo no tuvo que hacerlo. El profesor Marescaux llamó a esta operación la «operación de Lindbergh», en memoria del primer viaje trasatlántico en avión. Por este éxito, los americanos le concedieron en el año 2002 el premio Computerworld Honors Program Prize. Desafortunadamente, la caída de las Torres Gemelas cuatro días después impidió que el gran público recibiese información sobre este enorme avance quirúrgico dentro de la cirugía general y del aparato digestivo.
Hace solo unos días, un cirujano coruñés, Diego González Rivas, ha marcado otro hito en la telecirugía, en este caso dentro de la especialidad de cirugía torácica, al extirpar con éxito un tumor de pulmón desde China a un paciente que estaba ingresado en un hospital de Rumanía.
Entre ambas operaciones han ocurrido varias cosas desde el punto de vista técnico. El retraso en las órdenes era de 20 segundos en el año 2001, ahora y gracias al desarrollo tecnológico del 5G fue de 0,125 segundos. Es decir, el doctor González Rivas ha operado prácticamente en tiempo real y su voz era recibida en Rumanía como si estuviese en ese quirófano. El robot Zeus ya no existe, porque la FDA americana aprobó el Da Vinci y el doctor González Rivas ha estrenado un nuevo robot de puerto único, el robot uniportal Shirui, que de momento solo puede utilizarse en China.
Ha sido todo un éxito y como gallegos tenemos derecho a sentirnos muy orgullosos del mismo.
A los cirujanos esto nos convence de que estamos ante una nueva era de la cirugía cuyo final ninguno conocemos, porque estamos hablando de un futuro desarrollo tecnológico.