Muertes en la mina: ¿Por qué?
OPINIÓN
El trágico fallecimiento de cinco personas en la mina de Cerredo/Zarréu ha impactado en la sociedad asturiana y española con una fuerza solo explicable por la gravedad de un accidente en un sector que, desde hace 30 años, no generaba un siniestro de tal gravedad.
Pasadas las primeras horas, en las que el calor a las familias de las víctimas era prioritario, toca reflexionar sobre las causas del mortal suceso: ¿la siniestralidad minera se ha reducido porque hay más seguridad o porque hay menos actividad? En el caso concreto de la explosión que les ha costado la vida a Rubén Souto Robla, Iván Radío Barciela, Jorge Carro André y Amadeo Bernabé Castelao, ¿las causas eran previsibles y evitables? ¿Fue un accidente fortuito o, por el contrario, existen responsabilidades ya de la empresa ya de la Administración? Pueden parecer preguntas evidentes, pero de su respuesta se deben extraer lecciones imprescindibles si se quieren evitar accidentes como estos: solo una investigación exhaustiva permitirá sistematizar enseñanzas que sirvan luego para poner en marcha todas las medidas necesarias que aseguren la seguridad laboral.
Estos días hemos escuchado muchas voces lamentando estas muertes y asegurando que el trabajo no puede costar la vida. Es una posición que cualquiera en su sano juicio sostendría públicamente. De lo que se trata, además, es de llevar ese compromiso público a la práctica cotidiana, con independencia del sector. Las empresas tienen que ser proactivas en dotar de cuantas medidas de seguridad sean necesarias, así como de autoevaluarse sin esperar a que haya un accidente, con independencia del sector en el que operen, poniendo la salud de sus trabajadores por encima de cualquier otra consideración.
Los poderes públicos deben legislar para que, cada día, las actividades laborales sean más seguras y, además, tienen que asegurarse de que ese entramado legislativo se cumple. Para ello, es imprescindible una labor de inspecciones que persigan cualquier incumplimiento y extraigan lecciones que sirvan para seguir construyendo un entramado normativo en el que la seguridad sea un bien a proteger de forma especial, porque nada hay más importante que la vida.
Muchas veces escuchamos que cada persona tiene que asumir una dosis de autocuidado: es cierto, pero eso no debe hacernos perder de vista que el autocuidado no puede ser la excusa para cargar en quienes trabajan la responsabilidad de garantizar que se cumplen todas las exigencias en seguridad laboral, porque son el eslabón más débil y porque la obligación de ese cuidado efectivo de las personas es de las empresas y las administraciones.
El accidente de Cerredo/Zarréu tiene que suponer un antes y un después, con un compromiso inexcusable con la seguridad laboral. La investigación debe ser ágil y profunda hasta que se sepa hasta el último detalle y hasta que se hayan establecido todas las responsabilidades.
La seguridad absoluta no existe, pero el objetivo de seguridad absoluta debe guiarnos para mejorar, cada día, en las medidas de protección de la vida de trabajadores y trabajadoras, en la mina y en cualquier otra actividad.