Narcoterrorismo

Diego Madrazo SECRETARIO PROVINCIAL EN A CORUÑA DE LA AUGC (ASOCIACIÓN UNIFICADA DE GUARDIAS CIVILES)

OPINIÓN

Francisco J. Olmo | EUROPAPRESS

16 feb 2024 . Actualizado a las 09:07 h.

El término narcoterrorismo fue acuñado por primera vez en 1991 por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales para referirse a la forma en que los capos de la droga y las organizaciones criminales latinoamericanas influían en los gobiernos locales. Sin embargo, el concepto de narcoterrorismo se remonta a los años 80, cuando el Gobierno de EE.UU. lo utilizó para describir la violencia ejercida por los carteles de la droga colombianos.

Para usar este término en referencia al Campo de Gibraltar debemos tener en cuenta varías consideraciones. De una parte, una sociedad deprimida no sabe cómo atajar un fenómeno en el que las familias de la droga operan como los carteles colombianos, actuando con total impunidad, con extrema violencia y con una exaltación impudorosa de sus lujosas vidas a través de las redes sociales.

Por otro lado, la violencia que ejercen. Llevamos años viendo noticias en las que todoterrenos cargados con material arremeten contra los vehículos policiales que los cercan en el conocimiento de que las penas son irrisorias; la consigna es asegurar la mercancía, pasando por encima de quien se ponga por delante.

Esta lucha desigual fue escenificada hace unos días en Barbate, donde un grupo de personas jaleaban a unos narcotraficantes mientras segaban la vida de dos guardias civiles que pretendían disuadirles. La desproporción de medios es tan bochornosa que debería provocar la dimisión del responsable policial o político que la hubiera ordenado. No se equivoquen, no presenciamos una intervención policial, lo que captaron las imágenes fue una ejecución y quien la llevó a cabo pensó que actuaba con total impunidad. Ahora, las familias y los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad exigimos que asuman la responsabilidad por las muertes de nuestros compañeros, además de los autores materiales, aquellos que les ordenaron enfrentarse a ellos sin medios.

Y por último, no sabemos aún de las conexiones del narco con la política o las jerarquías policiales; como decimos en Galicia, seguramente, habelas, hailas. El último mando de la desmantelada unidad OCON Sur se encuentra investigado y el coronel Santaella fue condenado a 7 años de prisión tras participar en la entrada de 7.000 kilos de droga a través de la costa granadina, por lo que obtuvo, según la sentencia, 120.000 euros. Igualmente resuenan las declaraciones de Maxi, jefe de un clan dedicado al narcotráfico: «La Guardia Civil se juega la vida para detenernos mientras sus jefes nos avisan de todo».

La violencia, la ostentación de los lujos que atesoran, los vítores de una juventud que ve en el contrabando una salida digna, a la que reviste de un aura de rebeldía, y unas implicaciones que buscan pudrir la estructuras del poder político se pueden considerar, sin duda, narcoterrorismo.