Tocar el culo es abuso sexual

águeda gómez suárez PROFESORA TITULAR DE SOCIOLOGÍA EN LA UNIVERSIDAD DE VIGO

OPINIÓN

ANGEL MANSO

02 jul 2023 . Actualizado a las 09:58 h.

Derivado de la ruptura del «contrato sexual patriarcal» pasado, producto de la cuarta ola feminista, se están cuestionando las tradicionales jerarquías sociosexuales y generando nuevos ecosistemas de convivencia humana igualitaria, horizontal y libre de violencias machistas. La Justicia acaba de reconocer que tocar el culo es abuso sexual y condena a un hombre a pagar 3.200 euros. Efectivamente, los marcos normativos vigentes están proporcionando herramientas para que las mujeres denuncien todo tipo de violencia machista, con el fin de corregir las disfunciones existentes. 

Pero, ¿qué tipo de modelos socioeróticos y de masculinidad sustentan este tipo de actitudes y conductas? Para entender este hecho, se debe acudir a los dispositivos de poder aparentemente no políticos, como el ocio, la cultura, el consumo o la comunicación, que reproducen y naturalizan la cosificación del territorio-cuerpo de la mujer como una diversión más: en el orden patriarcal, ellas son las dominadas y cosificadas.

Porque la producción de la masculinidad en el contexto patriarcal se construye en referencia a un mandato de socialización, que encuentra en la depredación sexual una oportunidad de realización identitaria.

Porque la violencia machista en los espacios públicos, como fenómeno endémico, no es un hecho ocasional o esporádico, sino que se sitúa dentro de un guion patriarcal derivado de las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres.

Es imprescindible rescatar el «sentido de la justicia» como exigencia urgente del aquí y el ahora, allí donde ocurre la desigualdad y la opresión. Las denuncias ante la Justicia son formas de disputar el mundo a los amos y socavar los cimientos del andamiaje patriarcal, creando aberturas de luz y de esperanza, a favor de un mundo más igualitario y justo.