Todo lo que Netflix sabe

Beatriz Pallas ENCADENADOS

OPINIÓN

No es la tecnología, somos nosotros, vosotros, ellos. El creador de Black Mirror insiste en su nueva temporada en la idea de que la sociedad digital se desliza por una pendiente inexplorada, pero no señala como culpable de todos los males a ese espejo negro en el que uno se refleja con la pantalla apagada. La perversidad, la malicia está en el uso que le dan las personas. Eso es lo que incomoda de la creación de Charlie Brooks, la sospecha de que si a alguien le ocurriese algo parecido a lo que vive la protagonista del episodio Joan es horrible, la culpa sería suya, y solo suya, por no haberse leído la letra pequeña de cada servicio contratado y cada aplicación descargada.

A Joan le sucede que una plataforma llamada Streamberry —idéntica a Netflix en sus letras rojas y su icónico sonido «tudum»— recrea en una serie protagonizada por Salma Hayek los aspectos más turbios de su vida y su carácter. Netflix se apunta un tanto al conceder permiso para convertirse en la diana de las peores conjeturas sobre el control que ejercen los servicios digitales. Se ríe, la plataforma, de su capacidad para saberlo todo de los usuarios y dejarlos indefensos con férreos contratos. En broma, confiesa que el capítulo podría haberse titulado Joan es maravillosa señalando aspectos positivos de su heroína, pero admite que eso no habría generado tanto interés como apelar a los temores ocultos. Igual que Black Mirror.