Duendes de la selva

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre MIRADAS DE TINTA

OPINIÓN

Presidencia de Colombia | EFE

20 jun 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

El rescate de los cuatro niños pertenecientes a la etnia uitoto, tras cuarenta días solos y perdidos en la infinita selva colombiana, ha salpicado la prensa de un mundo asombrado por lo que parece un milagro. Poco se habla de que esos niños y su madre en realidad estaban huyendo de algo en ese avión. No sabemos exactamente de qué, pero sí sabemos que es algo frecuente entre los indígenas que pueblan ese paraíso. La cifra de suicidios entre ellos ha aumentado significativamente en los últimos años; según datos oficiales, solo entre los chocoes de la vertiente del Pacífico llevan 15 suicidios conocidos en lo que va de año.

Los indígenas huyen de la invasión de su entorno, donde los niños son reclutados de forma forzosa por los grupos armados que parasitan la selva; de una minería salvaje que contamina sus ríos con mercurio y aniquila su vegetación para pasto de ganado y palma; huyen sin infraestructuras de transporte alguna y, probablemente, apostando todo a un vuelo precario que los saque de ahí. La prensa ensalza la cooperación entre la llamada «guardia indígena», compuesta por representantes de los pueblos nativos y el ejército colombiano, pero el jefe del operativo asegura que sin la ayuda de los indígenas los niños no hubieran aparecido nunca.

La historia me recordó al médico antropólogo Reverte Coma, que, tras convivir durante décadas con los indígenas de aquellas selvas, siempre repetía que las personas civilizadas, en esos territorios, somos unos analfabetos que no duramos un suspiro sin su ayuda. Lo que no me dijo nunca fue cuánto durarán esos niños, capaces de sobrevivir en ese entorno salvaje, en el nuevo entorno civilizado, sin duendes de la selva que los protejan.

Eso no me lo dijo.