Mundo hostil

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Óscar Vázquez

04 jun 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

La implantación del nuevo entorno digital nos está resultando hostil a mucha gente. Los nacidos en estos tiempos no tendrán recuerdo de lo que el mundo fue hasta ahora; serán mejores, más rápidos, más eficaces, más ociosos y también más solitarios. La paradoja de que cuanta más comunicación, más soledad, no es el gruñido de un boomer veterano, sino una realidad palpable

Viajando unos días por el sur, sin preparar rutas, hoteles, restaurantes ni visitas de interés a través de internet —algo que hoy resulta insoslayable si no te quieres llevar sorpresas—, simplemente reservé un hotel y un restaurante.

Esto de preparar los viajes por la red, aparte de marearte viendo cientos de establecimientos, leyendo los comentarios de gente desconocida, etcétera, resulta útil, pero carece de toda comunicación humana. Nos comunicamos con máquinas sin rostro y algoritmos que recogen todos nuestros datos para guardarlos sabe Dios donde; eso sí, la rendición de nuestra intimidad te rebota incansablemente en forma de decenas de posteriores correos pidiéndote tu opinión sobre todo: «ayúdanos a mejorar», «solo te llevará unos minutos», «has sido agraciado con un cupón de descuento para el próximo»... Eso no es una relación, solo son contactos informáticos.

Las agencias de viajes que todavía preservan un ser humano con el que interactuar cara a cara y poder darle las gracias, o las quejas, con nombre propio, están en extinción.

El día que llegaba al hotel elegido me mandaron un wasap dándome la bienvenida y tres códigos distintos con los que debía franquear dos puertas de acceso para poder entrar a la habitación. Sin personal de recepción, ni botones Sacarino, solo botones.

En el restaurante reservado, pido la carta y me dan un código QR para que elija comida y vino: otra vez el ingenio electrónico, al que poca opinión puedes pedir.

Con las entradas a museos y rutas guiadas también tuve que tatuarme en la frente otro QR para que me disparasen en él y poder pasar. Tampoco hay relación humana, nadie a quien dar una propina u otro agradecimiento que no sea un like o una reseña en los comentarios.

La información que facilita la red es inabarcable, pero nadie navega por internet en compañía, navegamos en soledad.

Tiendas sin personal, hoteles sin recepción, entradas sin taquillero, restaurantes sin cartas, bancos sin empleados… El mundo digital nos condena a comunicarnos con máquinas y códigos. No es de extrañar el número creciente de patologías de relación que presentan los jóvenes: fobias sociales, dismorfofobias, círculos de relación escasos y virtuales, dificultad para hablar cara a cara y todo tipo de conductas evitativas. Cautivos de la soledad, faltos de saliva, sabor y piel.

Un mundo hostil, gélidamente exacto y mudo de palabras.