Ya estamos en junio, el mes que marca la mitad del año, el del solsticio que acorta las noches, y que convoca en los cumios y en los castros al ejército de druidas y de trasgos que custodian los tesoros ocultos que viven en nuestra imaginación colectiva y pueblan nuestra tradición mágica.
Ya estamos por San Xoán, cuando las xoubas atlánticas, las parrochas de las rías cantábricas, la flota sardinal toda, hace de Galicia su parada y fonda. Son gallegas como nosotros, parte esencial de nuestra fauna marina estival. Antaño fueron comida de pobres las pobres sardinas, alimento básico cuando por junio se inauguraba el verano y el bautista bendecía las olas de la mar océana iniciando la temporada de playa y baños.
Me acompaña una melodía que interpretan los Tamara y que ya es un himno marinero y popular: «Aí veñen as lanchas do xeito», y van navegando y la mar se tiñe de plata que hace guiños en la bahía a nuestra flota, los 120 barcos artesanales que en las rías de Arousa, Rianxo o Combarro capturan en la costa gallega 262.000 kilos de sardina cada año. La mayor parte son del cerco, pero yo prefiero las xoubas a las parrochas, pescadas con las artes artesanales del xeito o de la ardora, cuando en la noche la capa de estaño de la mar se ilumina de tenues resplandores.
San Xoán acoge el verano, lo proclama, es el primer mes de la estación más deseada, la que está preñada de verbenas por toda nuestra geografía festera y festiva, la estación de los reencuentros y los abrazos, la estación que hizo de julio y de agosto las joyas de la corona gallega, con la Virgen de julio y de la mar, nuestra señora del Carmen, y la Virgen de agosto que mil nombres tiene. Meses de vagar, cuando esa luz de cristal transparente y sutil del norte estalla en todos los soles que nos envuelven con el calor del mediodía.
Ya estamos en San Xoán, aguardando que por los pueblos costeros se incendien las hogueras de la noche iniciática y el relente juegue con el agua que perfuman las flores que han de traer fortuna en la mañana. Y es en este mes cuando el saber popular asegura que la «sardina molla o pan», y, sobre una rebanada de pan fresco, el pescado rey de las sardiñadas de los pueblos ribereños de Galicia nos regala su aceite deleitando al comensal. Yo soy mas partidario de las «sardiñas afogadas», un manjar que ocupa el centro de mi memoria coquinaria y que va y viene cuando en esta parte de la tierra es ya San Xoán. Que quieren que les diga.