El junco rara vez se rompe

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

STEPHANIE LECOCQ | EFE

27 mar 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Ya casi ha pasado una semana de uno de los mayores espectáculos políticos, en lo grosero y deforme, que España ha proporcionado al mundo. La moción de censura ha sido nuestro espejo. El mismo que hace años vislumbró Valle-Inclán y al que dio cobijo en sus esperpentos. España es una deformación grotesca de la realidad. La España que nos dibujan nos da ganas de emborronarla. Un país rico, en la cultura y en los recursos, se ha convertido en un objeto que solo puede venderse en las tiendas de extravagancias. A estas alturas ya está analizado todo lo que ha dado de sí el debate. De Tamames poco hay que decir, pasó de ser un jugador flojo de la izquierda política a convertirse en el defensa central de un equipo que no sabe jugar al fútbol, ni a la política. El relato de Vox es, en sustancia, más ligero que los primeros cuentos que escribe un aprendiz de escritor a los siete u ocho años. No hay aristas. Carece del mínimo peso intelectual. Se consagra a una coda repetida hasta el hartazgo. Los partidos como Vox nacen para llenar el decorado de esta España cañí, poco más. Por eso lo mejor que le ha podido pasar a su segunda moción de censura es que haya caído en el olvido pocas horas después de defenderla, mantenerla y perderla.

Santiago Abascal quiere ser un príncipe negro de las hordas que asaltan a los blancos pueblos vikingos. Se equivoca. El mejor obsequio que le puede brindar a «la patria», que él con tanta vehemencia proclama, es ausentarse o —como dicen los dramaturgos— hacer mutis por el foro. El junco rara vez se quiebra, nos enseña la fábula de La Fontaine. Se dobla o toca el suelo. Pero no se rompe, como el árbol. España se ha convertido en un árbol a punto de fracturarse, descomponerse, triturarse. Pero aguanta. A pesar, y lo digo con toda franqueza, de que existan partidos como Vox: el principal colaborador del peor Gobierno de la democracia, el de Sánchez y sus socios (Rubalcaba lo llamó Frankenstein).

Sé que mi opinión podrá parecer extremadamente abrasiva o cáustica para algunos. Otros, sin embargo, la verán endeble o lacia. Considero, con todo riesgo de error, que nadie le ha hecho más favores al actual Ejecutivo que Vox. Por ello ha sido un acierto que el PP se haya abstenido en la votación de la censura. No participar en esta gala del disparate, este esperpento, ha sido la mejor elección posible. Aún así, ¿Sánchez ha ganado? Mientras se hablaba de la moción se obviaba que la directora de la Guardia Civil había tenido que dimitir y que los casos de corrupción, entre Berni y el mediador, era el pan nuestro de cada día.

Sánchez no ha ganado. Y no ha conseguido lo que en principio soñó: hacer de la moción de censura un piquete que horadase las entrañas del PP. Más bien al contrario. El junco de la derecha tranquila (el PP de Feijoo) ha permanecido en pie. España, también. El árbol del «Gobierno de la gente», sin embargo, ya no lo podrán pegar ni con cola.