Hace algunos años, este fue el eslogan que animaba a comprar décimos de la lotería nacional para el sorteo navideño que se celebra ritualmente el día 22 de diciembre, inaugurando de alguna manera los días grandes de la Navidad. Sintetizaba esta frase los deseos, las ilusiones, los anhelos de todo un país que no es una nación de ludópatas concentrados en torno al premio gordo de Nadal, sino un país de soñadores pobres o de pobres soñadores, que tanto monta.
Ahora que estamos en vísperas del mas grande de los sorteos de la lotería, aún dan varias vueltas las colas para adquirir décimos en administraciones míticas como la madrileña Doña Manolita, donde aguardan su turno un par o tres de centenares de ciudadanos para comprar el décimo salvífico, que en el mejor de los casos se convertirá en cuatrocientos mil euros, si los niños de San Ildefonso cantan el número coincidente con el que figura impreso en el pequeño cartón.
En España hay 10.930 puntos de venta similares a Doña Manolita, muchos se llaman El gato negro, o La Herradura, El trece o El sobre verde, o llevan la palabra oro o dorado en su denominación. Hay supersticiones de todo tipo y rituales en torno a la compra de décimos. La catalana Bruixa d'Or, líder de ventas en Europa, es un santuario laico al que acuden, presencialmente o en línea, miles de clientes tentando la suerte.
Los españoles vamos a gastar de media este año 70 euros por cabeza, según Selae (la sociedad estatal de loterías), y son Castilla y León, La Rioja y Asturias las autonomías que más invierten en este sorteo. superando los cien euros por habitante. Galicia destina 71 euros en comprar acciones para un sueño.
La lotería es desde el 4 de marzo de 1812, cuando se celebró en Cádiz el primer sorteo, la gran ensoñación colectiva que nos puede permitir salir de la pobreza relativa.
Si el día 22 es para algunos la fiesta económica deseada, para muchos más es la gran frustración de diciembre, que se convierte en resignación reivindicando, con la frase del gran Lao Tse, que «o caso é ter saúde, e levarse ben». El día de la salud por antonomasia.
Pero siempre nos quedan el reintegro y las pedreas que justifican nuestra inversión navideña. Que les toque, que el premio gordo caiga aquí.