Probablemente no exista en la historia reciente de España un político que haya sido saludado con tal grado de agresividad al llegar al liderazgo de un partido como el que está sufriendo el presidente del PP, Alberto Núñez Feijoo. El líder popular le era útil a una parte de la izquierda cuando presidía la Xunta porque le permitía confrontar su imagen de moderación con el radicalismo que achacaban a la cúpula del PP nacional. Pero ha bastado que Feijoo se convierta en el líder de la oposición para que todos esos taimados elogios se conviertan en una catarata de descalificaciones que denotan el nerviosismo de sus rivales ante la posibilidad de que se consolide como alternativa a Pedro Sánchez.
La mayoría de esos improperios tienen la particularidad de dirigirse de forma personal a Feijoo, y no estar vinculados a su acción política. El propio Pedro Sánchez, en su primer cara a cara, supuestamente dedicado a explicar las medidas anticrisis, utilizó 49 minutos de su réplica a atacar directamente al líder popular achacándole «insolvencia» y «mala fe» por sus declaraciones en contra de la gestión económica del Gobierno. Incluso alguien como el director del Centro de Investigaciones Sociológicas, José Félix Tezanos, a quien se le supone por el cargo una dosis extra de exigencia en la ecuanimidad a la hora de referirse a los políticos, no ha tenido empacho en declarar públicamente que Feijoo ha demostrado ya ser un hombre que no tiene «los conocimientos necesarios» para liderar un partido y menos para ser jefe del Gobierno.
Poco importa que el presidente popular lleve más de 30 años en la gestión pública, habiendo dirigido organismos de la relevancia del Insalud o Correos, además de haber encadenado cuatro mayorías absolutas en Galicia que le permitieron gobernar la comunidad durante 13 años. Desde la izquierda, los rivales del PP presentan a Feijoo poco menos que como un pueblerino que ha llegado a Madrid desde Galicia sin saber de qué va esto de la política nacional y mucho menos de la internacional. Esas descalificaciones llevan implícito además un desprecio a Galicia, tierra que se presenta como un territorio que puede ser gobernando por alguien sin ningún conocimiento.
«Vago», «ignorante», «incompetente», «extremista», «sectario», «populista», «cínico», «insolvente», «negacionista», «egoísta», «mentiroso», «veleta», «cataviento», «giraldillo» o «inmaduro» son algunos de los epítetos que le han dedicado ministros y dirigentes del PSOE. La palma se la lleva quizá Manuel Pezzi, presidente del PSOE andaluz, que le llamó directamente «tontopollas». Ahora, después de que Feijoo haya roto la negociación sobre el CGPJ por la intención del Gobierno de rebajar la pena de sedición, el PSOE anuncia que inicia una campaña para acusarle de ser un «títere» de la ultraderecha, sin ningún tipo de autonomía en su propio partido, y de estar manejado por Díaz Ayuso. Detrás de tanto insulto y tanto ánimo descalificador se esconde la intención de descabalgar a Feijoo del liderazgo del PP antes de las generales.