13 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El Londres de los años cincuenta que se encontraron mis padres era una ciudad oscura, gris y, casi siempre, sumergida en una densa niebla. El smog —la combinación del humo de las chimeneas (smoke) y la habitual niebla (fog)—, en sus peores momentos, era tan espeso y verduzco que lo calificaban de «sopa de guisantes». En diciembre de 1952, el año en que Isabel II accedió al trono, el fenómeno cobró tal magnitud que provocó la muerte de más de mil personas y enfermó a un gran número de habitantes. Pero, si denso y gris era el smog, no lo era menos el ánimo de sus habitantes, en plena reconstrucción tras los brutales bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Pese a ello, las ganas de divertirse se tradujeron en la apertura de numerosos locales de ocio, algunos de ellos ciertamente curiosos al decir de mis progenitores, donde no era inusual encontrarse con personas de todos los estratos sociales, incluidos personajes reales. De ahí, que en los mentideros de la capital, las andanzas de la díscola princesa Margarita y del conquistador Duque de Edimburgo, así como la desmentida hasta la saciedad, crisis del matrimonio real, se convirtieran en la comidilla diaria. El smog desaparecería a partir de la nueva legislación ambiental de 1956, no así el interés por la vida de la familia real.

Siete décadas después, el Reino Unido, apenas superada la crisis política, con una primera ministra recién llegada, e inmersa en una grave crisis económica, consecuencia de los precios de la energía y los coletazos del brexit, afronta el fallecimiento de la anciana Isabel II con dolor y tristeza y el inicio del reinado de Carlos III con inquietud. La dama que, en sus últimos años de reinado alcanzó el 80 % de aceptación, epitomizó, pese a todas las crisis vividas, la estabilidad y la continuidad de un país que ha hecho de la monarquía y la tradición, no solo una suerte de anclaje sino un lucrativo negocio. Carlos III representa el posicionamiento frente a la neutralidad, el fracaso sentimental frente a la férrea unión de sus padres, la incógnita en tiempos inciertos en un país muy polarizado. De nuevo el smog.