Navegando entre orcas y veleros
OPINIÓN
Para todos aquellos cuya vida está ligada al mar, nuestro día a día se basa en que no hay que tenerle miedo, pero nunca perderle el respeto. Esta premisa se podría aplicar a las recientes interacciones entre veleros y orcas. De ahí que informar con rigor, sin sensacionalismos y con conocimiento científico, es fundamental para evitar que se generen miedos innecesarios y facilitar el respeto por la mar y sus habitantes.
El principal factor que condiciona la presencia de orcas en Galicia es la búsqueda y captura de su principal presa: el atún rojo. Las orcas se desplazan siguiendo a los atunes que migran de las frías aguas del Atlántico Norte al Mediterráneo en primavera para desovar, y pasan de nuevo por las aguas gallegas cada verano/otoño en su regreso hacia el norte. Para la búsqueda y captura de sus presas, las orcas pueden desplazarse un promedio de 120 kilómetros diarios a una velocidad media de 6 nudos alcanzando los 30 nudos durante breves períodos de tiempo.
Ello, sumado a la cooperación entre individuos y el desarrollo de técnicas de caza altamente especializadas, aumentará las posibilidades de éxito en la captura de alimento. Sin embargo, la pérdida de tiempo y energía dedicados a acciones fallidas y estrategias de caza inadecuadas harán que los errores sean perjudiciales para la supervivencia y la fecundidad de los ejemplares.
Desde muy temprana edad depredadores como las orcas realizan acciones sin una evidente función adaptativa y a las que llamamos «juego». Dado que los animales más jóvenes tienden a imitar comportamientos agresivos, de caza o sexuales, el juego puede servir como una forma de práctica y aprendizaje que aporta experiencias variadas —con qué fuerza pueden morder o con qué brusquedad pueden interactuar— y cómo interactuar en equipo.
El rebufo que se genera alrededor de la pala del timón de un velero en movimiento parece incitar a ciertas orcas a interactuar y, en algunos casos, a provocar daños en el timón. Lo que posiblemente haya comenzado como una actividad puntual de uno o pocos ejemplares jóvenes parece que se ha ido extendiendo a más ejemplares, como si de una «moda» se tratase, ya que el aprendizaje juega un papel importante en la vida de estos animales.
Queda mucho por conocer sobre la conducta de las orcas, que se caracteriza por ser tan compleja como impredecible. Ante la pregunta de ¿qué se puede hacer para evitar la interacción?, no creo haya una única respuesta ya que dependerá de cuándo se determina la presencia de las orcas (si antes o durante la interacción), de los ejemplares (no todas las orcas interaccionarán), del comportamiento (si las orcas se están alimentando o descansando no deberían verse atraídas por la embarcación), y otros muchos factores que desconocemos.
Por el momento nos toca navegar lo más cerca posible de la costa, detener la embarcación para no estimular la reacción de los animales, comunicar la situación por radio y esperar a que las orcas sigan su rumbo.